El presidente lo criticó el domingo, el lunes la Fiscalía ordenó investigación, el martes la Asamblea Nacional habló del asunto y acordó, oposición opuesta -así redundante- condenarlo y nombrar una comisión que descubra a delincuentes cibernéticos.
Un proceso rapidito, expedito.
Como para que sirva de ejemplo a los tribunales que tienen a los presos sin sentencias durante años o al ministerio correspondiente que deja a la gente vivir en carpas durante años al lado de lo que supuesta mente será su vivienda.
Una burocracia que diligentemente habla de regulación, control, legislación de internet, mientras encapuchados amparados en la oscuridad queman el rectorado de la UCV, sumando el hecho a los cientos, miles, de delitos que mensualmente engordan las listas de violencia e impunidad nacional.
La democracia de Internet es demasiado inconveniente como para dejarla quieta. Allí escriben, no los periodistas, esos son los de menos, sino todo aquel bicho con uña que quiere y se atreve a decir algo. Eso lo sabe el mundo entero. Y en el mundo entero la soportan muchos y tratan de detenerlo unos cuantos, entre ellos, ahora, Venezuela.



por María Teresa Arbeláez