A las 10,30 de la noche (hora de Venezuela) el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, se dirigió al mundo, rodeado del alto mando militar, de los rehenes recién liberados y de sus familires. Lo primero que hizo fue felicitar al ministro de la Defensa, Juan Manuel Santos. Luego a cada una de las fuerzas militares y finalmente a los soldados y policías. “Estamos muy contentos”. Dijo y agregó que en medio de las flaquezas nunca olvidaron a los secuestrados y “no olvidaremos a los que siguen en manos de las Farc ni un momento hasta que consigan su libertad”.
Fue tan sorpresivo como emocionante. El anuncio del Ministro de la Defensa de Colombia sacó al mundo de la modorra cotidiana y puso a Colombia y a su presidente, Alvaro Uribe, como protagonista junto a los 15 liberados por el Ejército en una operación comando, calificada por Ingrid Betancourt como perfecta.
Desde el momento del anuncio hasta el arribo a Bogotá de Betancourt, los tres estadounidense y los once militares y policías que habían permanecido años bajo el yugo de la guerrilla, el tiempo se hizo eterno aunque fue muy corto.
El emotivo abrazo de Ingrid con su madre al pie de la escalerilla del avión, las declaraciones, muchas acompañadas de lagrimas, de los liberados y las palabras de Betancourt arrugaron los corazones. Con cara radiante de felicidad, delgada pero no tanto como la imagen aquella terrible del video, dijo que es indispenable solicitar a los gobiernos que se solidaricen con la democracia colombiana, en lo que muchos consideran es su primera declaración política, como mujer libre después de seies años y medio de cautiverio.
