Por María Teresa Arbeláez
No se por qué se ha armado tal alharaca con los insultos dominicales del presidente Chavez. ¿Será porqué insultó a gente importante? o ¿porque sus gritos destemplados y acusaciones tuvieron nombre y apellido?.
No hay que asombrarse ni extrañarse. A nosotros los venezolanos de a pie, a la masa amorfa que constituye la oposión, nuestro Presidente, el que eligió la democracia, tiene una década insultándonos, con más o menos insolencia, con más o menos groserías, con más o menos desplantes, pero siempre menospreciándonos, acusándonos y señalando delitos que jamás son probados.
Imagen tomada de resistenciabucarecaracas.blogspot.com/2007_11…
¿Es que acaso cuando nos puso el apellido de golpistas nos estaba alabando, o cuando nos bautizó como escuálidos pensaba con cariño, O la victoria de mierda que tuvimos en diciembre pasado fue un festejo?
No, Chavez ofende diariamente al que se le opone. Solo que ahora esas ofensas, esos gritos e insultos van también con los de su bando que se le están -por fin- enfrentando. Y a los candidatos de oposición donde ve peligrar su poderío, como en el Zulia, donde Manuel Rosales y Pablo Pérez son ahora enemigos con nombre y apellido, una necesidad de campaña, puesto que el gobierno no puede exhibir logros importantes en los temas más sensibles a la población como la seguridad, educación, alimentación, salud y vivienda.
Por eso hay quienes sostienen que las "Encuestas obligan al Presidente a emplear discursos agresivos" (El Universal). Lo cierto es que la masa amorfa, sin nombre ni apellido, ya tiene una piel lo suficientemente curtida y engrasada como para que términos como imbécil, desgraciado, y ladrón de siete suelas, le resbalen.
Ver también a continuación El diccionario de campaña de Chávez
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