Yo era un ciudadano normal residente en este vecindario, sin fortuna y con las aspiraciones naturales de un mortal de mi edad. Pero un día no recordado con precisión, todo comenzó a cambiar: Como si se tratara de un efecto narcótico, una extraña euforia se fue apoderando de mí, de tal modo que el hombre cauto, laborioso y ponderado reconocido por mis vecinos, fue cediendo el paso a un sujeto avieso, temerario y atorrante. Pronto pude comprender que sin haber transitado por alguna de las terapias existenciales y sin apoyo de la literatura de auto ayuda, era el portador de un optimismo frenético, ciego y hasta delirante.
Ilustración tomada de Epicentro Hispánico




