Hoy quienes militamos -más que trabajamos- en El Diario de Caracas, aquel de 1979 que nació para romper esquemas periodísticos de la mano de varios argentinos asilados –con Rodolfo Terragno como director y Tomás Eloy Martínez como jefe de redacción- y un buen número de periodistas venezolanos, lloramos la muerte de quién fue en esa época un maestro, un compañero, un amigo, pero sobre todo un ícono.
A Tomás Eloy Martínez (1934-2010), los periodistas que estuvimos cerca de él varios años en Caracas lo admiramos profundamente. Los hombres por su maestría con la pluma, su sabiduría y su simpatía. Y las mujeres, además, por su belleza, su galantería, su picardía. Todas estábamos secretamente enamoradas de ese argentino que coqueteaba permanentemente con la vida.
Fotografía tomada de La Nación





