Una rara fiesta de la inteligencia por Vladimiro Mujica

 Viernes 1 2 de Diciembre de 2008   

TalCual

foto: Alfredo Terán

El empobrecimiento de la inteligencia y el espíritu, que parece ser una marca de fábrica de la mal llamada revolución bolivariana, y al que pretende condenarnos sin tregua el Gran Comunicador con sus horrendas peroratas, se trocó por unas horas en una rara fiesta del conocimiento y el talento. En el mar de cambalaches revolucionarios y trapiches ideológicos que usurpan el nombre del Libertador y maltratan su legado y memoria hay una institución que lleva el mismo nombre atropellado y donde se sigue construyendo país a pesar del acoso a que la somete el gobierno. La Universidad Simón Bolívar acaba de conferirle el Doctorado Honoris Causa a Mario Vargas Llosa y la ceremonia me hizo olvidar por unas horas los horrores cívicos y de degradación del lenguaje a que los prohombres del régimen nos tienen acostumbrados.

Cada uno de los discursos, el del rector Benjamín Scharifker, el de Rafael Arráiz Lucca a nombre de la Academia de la Lengua, el del profesor Carlos Pacheco, orador de orden, y, por sobre todo, el de Vargas Llosa mismo, fueron de una tesitura y calidad excepcionales. Vargas Llosa usó los primeros minutos para expresar su preocupación por el combate por la libertad que se libra en Venezuela contra el régimen autoritario de Hugo Chávez y el significado que el triunfo de la enmienda podría tener para el futuro de las democracias latinoamericanas.

Al hacerlo demostró un conocimiento minucioso de la realidad venezolana y una comprensión profunda sobre la naturaleza nociva del falso dilema entre libertad e igualdad. El tema lo retomó en su discurso principal, donde también disertó sobre el significado de ser latinoamericano y los riesgos implícitos en falsear una identidad exclusivamente indígena, negra o europea.

Escuchando a quien ha sido sistemáticamente estigmatizado por la izquierda borbónica y pro-chavista como un hombre de derecha, se siente un rechazo casi corporal frente a la naturaleza profundamente hipócrita de la distinción entre totalitarismos de izquierda y derecha, donde los primeros tendrían una especie de patente de corso para predar sobre la libertad de los hombres en búsqueda de un destino superior.

Gracias a la iniciativa de la USB la pugna que desgarra a Venezuela entre los defensores de la libertad y la democracia y quienes pretenden sepultarlas en el altar de la adulación y el servilismo al proyecto personal de Hugo Chávez, encontró una magnífica tribuna. No creo que haya sido la intención de las autoridades universitarias el que se produjera un acto donde el discurso político prácticamente opacó a las consideraciones literarias por las cuales Vargas Llosa es más conocido.

Pero quizás el escritor mismo se encargó de despejar las dudas sobre dónde estaba su corazón en ese momento, cuando agradeció de manera especial que fuera reconocida su incansable lucha por la libertad como un valor de la civilización occidental que no es de derecha ni de izquierda.

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