El Festival Movistar que se celebró este fin de semana en los paradisíacos espacios la Universidad Simón Bolívar sirvió no solamente para unir en una sola voz a maduritos y jovencitos, a padres e hijos en el gusto por el rock, sino también para demostrar que aun existe stio en la capital venezolana para la cultura y el entretenimiento de calidad y mejor aún, que hay gente dispuesta a no permitir que les eliminen esos espacios. A continuación la reseña de El Nacional de los dos conciertos, el del sábado con Maroon Five y Duran Duran y el del domingo con Travis y Rem.

EL NACIONAL

Maroon 5 y Duran Duran hicieron un cambalache de público

MARJORIE DELGADO AGUIRRE

El trago de dos sabores era dudoso. Leer en el ticket de entrada los nombres de Duran Duran, los dueños del new romantic de los 80, y Maroon 5, sólo dueños de la palabra revelación hasta ahora, causaba una mueca de extrañeza.

Los perfiles parecían estar definidos. Los adolescentes irían a ver el temblor de las flacas piernas de Adam Levine y a escuchar su voz nasal. Los adultos contemporáneos, algunos ya canositos, irían a transportarse a la época en la que fueron más jóvenes y bailaban sin parar con los lúdicos temas de Duran Duran. ¿Esto fue así? Sí y no. Duran Duran conquistó también a los quinceañeros.

En el campo de fútbol de la Universidad Simón Bolívar, pasadas las 6:30 pm (aún hora de matinée), se montaron en la tarima los Maroon 5. Los gritos fueron agudos, en su mayoría femeninos, pero se esfumaban rápido por la poca acústica de un campo al aire libre. Levine no dio compás de espera para una de las canciones más famosas. Comenzó con "This Love". Aunque alguien no sea fan de los Maroon 5, es imposible que no tararee el coro. El bombardeo en la televisión y en la radio de este tema fue un asunto de locura.

El cantante se montó en la tarima con un ceñido pantalón negro, una franela blanca (al mejor estilo de las Ovejita) y una chaqueta de cuero. También con un rostro que no daba muestras de haberse rasurado en unos tres o cuatro días.

El look desenfadado hacía suspirar y los gestos al cantar y al tocar, asumidos con una descarga de seducción, no daban chance a la posibilidad de dejar de mirarlo, mientras se movía de un lado a otro de la tarima para buscar vinculación con todo el público pegado a las barandas. Suspiros iban y suspiros venían. No hubo solos memorables, pero en conjunto, los cinco Maroon sonaban bien. No hay artilugio en su música. Suenan tal como en la radio. Ni más ni menos.

Levine intentó hablar en español y dijo muy poco. "¡Hola! ¿Qué tal Caracas?", "Gracias" .

Luego, en inglés, confesó que su español no era muy bueno, pero que estaba trabajando en ello. Agregó que se sentía muy bien al tocar tan lejos de casa.

Territorio retro.
A las 8:45 pm, el campo se transformó en un territorio retro. Los espectadores se metieron en una suerte de cámara del tiempo. Los sonidos de los 80 gobernaban la noche ligeramente lluviosa.

Por primera vez, Duran Duran pisaba suelo venezolano. Los que fueron adolescentes en los 70 y los 80, que comenzaron a escuchar la banda cuando sacó su primer álbum en 1981, aprovecharon para gritar todo aquello que no pudieron durante su juventud. Aprovecharon para divagar (incluso con humos) en recuerdos, en pasos de baile, en ese eterno movimiento que la banda obliga a hacer, aunque no se quiera.

Unos kilos más, un ligero envejecimiento, pero la misma actitud desenfadada de aquellos calurosos 80. Cuando gritaron si había algún hambriento todos deliraron. Lo que vendría era el tema con el que alcanzaron temprana fama: "Hungry like a wolf".

En este momento se produjo un natural cambalache. El público de los Maroon 5 cedió espacio adelante a aquellos que iban por Duran Duran. Lo que no sabían los adolescentes de hoy, en su mayoría oídos vírgenes para esta agrupación, era que la banda podía ser tan contagiosa en vivo. Saben pisar una tarima para conquistar a todos. Es un cóctel de música, diversión y actitud que hace envidiar un poco las pistas de esos años.

Aunque no eran muchos, algunos quinceañeros, de esos que solían robarse por ratos el walkman del papá, tarareaban los temas, los que de seguro están desempolvando de algunos discos.

Raramente, una banda toca con uniforme. Duran Duran lo hizo. Creen en la permanencia de los códigos. Al principio, delante de los típicos sintetizadores y de la batería morada, todas las camisas eran negras y tenían una palabra en tinta roja: Massacre, nombre de la gira que los trajo a Venezuela como parte del Festival Movistar Música, cuya primera noche finalizó con todos los adjetivos retro posibles que se puedan pronunciar durante hora y media de show.

 
REM dictó cátedra de rock alternativo en Caracas


GERARDO GUARACHE OCQU
El vocalista de Travis, Francis Healy , recorrió la tarima con carisma

Michael Stipe, el excéntrico vocalista de cabeza rapada, es uno de los frontman más representativos del rock mundial, y esto quedó demostrado anoche en la primera visita de REM a Venezuela. Fractaler y Los Paranoias fueron las bandas locales que se encargaron de preparar a la audiencia que cubrió el césped rectangular que sirve para practicar fútbol en la Universidad Simón Bolívar.

Ya había caído la noche sobre la capital venezolana cuando apareció Travis reluciendo sobre la tarima. El vocalista Francis Healy envolvió a los espectadores con su carisma, así como el desempeño del guitarrista Andy Dunlop, que llegó a trepar una de las torres para ejecutar un solo con una mano sobre su brillante Gibson Les Paul. Esto ocurrió en "All i Want to Do is Rock", que fue de los temas más resaltantes de la velada, extraído del álbum debut Good Feeling (1996).

"Sing", "Side" "Flowers in the Window", así como una serie de enérgicas piezas del más reciente álbum Ode To J. Smith (2008), fueron agradecidas por los asistentes.

La noche apenas daba sus tres primeros frutos. La pandilla de Stipe, Mike Mills y Peter Buck estaban por tomar las riendas del espectáculo. Así lo hicieron, cerca de las 9:00 pm.

La figura invertebrada e imponente del líder de la agrupación generó movimientos en la multitud. REM sonó con potencia. Esta banda proveniente de un pueblo llamado Athens, ubicado en el estado de Georgia, concibe este género contemporáneo sin complejos. Queda claro que la música que hacen es uno de los productos de la cultura pop conceptualmente más relevantes, como eso que se mostraría a un alienígena que quiera enterarse de lo que es el rock alternativo.

La atmósfera evolucionó de "Electrolite" a "The Great Beyond", de "Is the end of the world as we know it" a "Everybody Hurts", el tema proveniente del disco Automatic for the People (1992), que fue coreado con entusiasmo por el público como el himno de corazones rotos que realmente es.

Stipe se movió como una serpentina, histriónico, imprimiendo sarcasmo a los gestos con los que acompañaba las letras que pronunciaba. Gritó a través de un megáfono, tocó la armónica, tumbó un atril, bajó a chocar palmas con las primeras filas y sonrió con tranquilidad cuando la gente le brindaba merecidas ovaciones.

"Vengo de Estados Unidos de América, y odio el gobierno que me ha representado hasta ahora", expresó refiriéndose a la gestión de George W. Bush.

Luego manifestó su aprecio por el próximo ocupante de la Casa Blanca, Barack Obama.

"Losing my Religión" estremeció al público. Era de esperarse: se trata de una canción que fácilmente ocuparía una lista de los diez temas más populares de la década pasada. La ejecución fue limpia y el sonido –como el resto de la noche– impecable. Además, se respetó la fórmula original del tema, que incluye una mandolina, intepretada por Peter Buck, que lucía como un anciano al lado de Stipe.

Así llegaron "Imitation of Life", "This One Goes Out to the One i Love", además de una serie de temas tomados de su más reciente producción discográfica Acelérate (2008). Finalmente, llegó "The Man On The Moon", una magnífica escogencia para cerrar el telón de un capítulo memorable en la historia de los espectáculos celebrados en territorio venezolano.