Desde luego las palabras sobran. Eso que ven los caricaturistas, cada uno con su propio cristal, es lo que viven los venezolanos día a día, desde hace ya mucho tiempo. Ellos como nadie reflejan nuestras angustias, nuestros sufrimientos y desesperanzas. Ellos tienen ese ojo que les permite escudriñar y plasmar con unos poquísimos trazos lo que tomaría cientos de palabras explicar.

Así está Venezuela a mediados de noviembre de 2008.