Hasta hace poco viajar con Aserca era un placer. Mientras las otras lineas nacionales se iban desmoronando, esta empresa joven inundaba no sólo el mercado nacional sino el Caribeño. Y lo hacía con calidad, puntualidad y buen servicio.
Pero de un tiempo para acá, esta línea aérea, casi solitaria en el espacio nacional, va de mal en peor. Ya no solo son los retrasos en sus vuelos, atribuibles a miles de razones, entre ellas el trillado mal tiempo. Ahora también es el mal trato, o mejor dicho, el no trato, que en el caso de una empresa prestadora de un servicio se convierte en maltrato.
Lo que digo lo he vivido en carne propia. Hace poco en un vuelo a Santo Domingo (Táchira) y esta semana a Maracaibo con el retorno. En ambos casos, con meses de diferencia, el viaje fue similar: largas horas de espera en el terminal de pasajeros, un largo tiempo en la pista para arrancar y cero, cero, comunicación por parte de la empresa. Ni un cartelito explicativo del asunto.
En el viaje del jueves pasado en la tarde, vía Aeropuerto de La Chinita, el embarque se retrasó poco más de dos horas y se hizo cambiando de una puerta donde estabamos sentados comodamente, a otra donde no había sillas disponibles y desde luego el aire acondicionado no alcanzaba para refrescar a las cientos de personas que allí se acumulaban en sucesivos vuelos retrasados. Y el regreso de hoy lunes fue igual o quizás peor. Otra vez el inexplicado retraso y la inexplicable cola de embarque en una zona del aerpuerto de Maracaibo, la del sol amada en demasía, que no tenía aire acondicionado desde el sábado pasado, según una trabajadora de otra línea se mostraba apenada porque la gente de Aserca, cerca ni de broma.
Lo peor del caso es que uno, acostumbrado como está ya a recibir malos servicios, ni siquiera se queja del retraso en los vuelos, que en ocasiones hacen perder conexiones nacionales e internacionales, y provocan problemas familiares y de trabajo. No, la queja más importante es la falta de comunicación. Ni una explicación, nada que demuestre que lo que transportan en sus aviones son personas y no animales. Gente inteligente que comprende o no, pero que se siente irrespetada cada vez que paga 750 bolívares para viajar hora y media entre la ida y la vuelta y pierde 12 horas de su vida en espera de una de esas vocecitas de parlante que diga, señores tenemos problemas con el radar, o la luz del aeropuerto está inrrumpida, una turbina tiene fallas o el piloto está en una cola en la autopista y no llega.
Y aunque uno no entienda lo que diga ese parlante, comprende que están dando una explicación y se siente tranquilo. Y espera sentado y no en una cola ficticia donde 20 minutos parece ser el tiempo fijado por los obreros a los que la masa conmina a dar una explicación: en 20 minutos llega el avión, en 20 minutos embarcamos, en 20 minutos salimos. Y de 20 en 20 llegamos a 120 minutos perdidos en el calorón de un aeropuerto y una empresa totalmente ajena e indiferente a los destinos de los viajeros.

