por Lelys Bravo

Han pasado diez años desde que se instaló en Venezuela la “Revolución Bolivariana”. Desde entonces muchos de los profesionales venezolanos, criados aquí, formados aquí, con postgrados fuera o dentro del país, han visto pasar los mejores años de su vida productiva entre grandes luchas,  amenazas y decepciones. Muchos de ellos no han aguantado y se han marchado, dejándonos ese sabor amargo de quién se va y no se despide, no tanto de nosotros, sino de ese país en el que ellos crecieron, en el que una vez creyeron y que lastimosamente dejaron a causa de las amenazas, el miedo, la decepción o por cansancio.

Otros han decidido continuar la lucha, presenciando en carne propia la destrucción del país, el deterioro de las instituciones, la terrible guerra psicológica a la que está sometida una población en la que, en forma similar a una familia con un padre autoritario, escucha las amenazas de ese hombre, que descarga todas sus frustraciones en esos a quiénes él llama sus hijos.

 En estos tiempos de revolución, hemos observado como ese país que ya venía golpeado por tantos años de indolencia y porque no, también por la indiferencia de nosotros mismos, se ha venido deteriorando aún más por la incompetencia de quiénes nos han gobernado, su falta de visión al querer quitarle a Venezuela la gran oportunidad de ser un país moderno, capaz de pegar el salto que se requiere para lograr una sociedad con mejor calidad de vida, con un mejor nivel de productividad y una  mayor justicia social.

También es cierto que las últimas derrotas sufridas por el jefe de la revolución y las expectativas ante unas elecciones que esperamos todos, incluso muchos de los que apoyan al presidente, cambien  la geometría del poder, sean los factores que marquen sin lugar a dudas el inicio de lo que me gustaría llamar la era post-Chávez.

Es la era post-Chávez la que debería preocupar desde ya a todos los venezolanos que una vez soñaron con un país  distinto, en el que ellos serían también los protagonistas del cambio. Y digo preocupar porque en realidad lo que quiero decir es que debemos pre-ocuparnos, sobre todo de cómo vamos a recoger todos los vidrios rotos que ha dejado este vendaval, y comenzar a pegar todos esos pedacitos, incluyendo la profunda división social, similar a la división entre hermanos que puede generar un padre de familia autoritario, cuando día a día le dice a sus hijos que fulano es mejor que zutano porque hace mejor esto o aquello. Las tareas que se avecinan en la era post-Chávez son enormes, y vamos a necesitar de la contribución de todos esos profesionales y ciudadanos que se quedaron con los crespos hechos por diez largos años, observando el terrible retroceso de un país que hubiera podido salir de su condición de subdesarrollo de haberse invertido sabiamente sus fabulosos ingresos petroleros.

 En un intento de mirar hacia delante, los líderes que conformarán la era post-Chavez deberían visualizar desde ya las enormes tareas que se nos avecinan. Sólo la buena disposición y capacidad de un recurso humano calificado, aunado a una verdadera voluntad política de los líderes democráticos que eventualmente tendremos, podrán sacarnos del foso en el que hemos caído. Vamos a necesitar de la experiencia y el conocimiento de todos los profesionales en cualquier área del saber: arte, ciencia, economía, finanzas, educación, salud, y pare usted de contar. Y ese contingente de venezolanos que un día nos dejaron sin despedirse de ella, de esa mujer indomable que se llama Venezuela, es un preciado recurso que debemos aprovechar. Muchos de estos venezolanos seguramente estén deseosos de contribuir con esa fabulosa tarea de reconstrucción de un país que ha quedado abollado, pero que no se ha dejado vencer por los deseos de la tiranía y del autoritarismo.

La lucha ha sido larga y tenaz, pero hay que incorporar desde ya el tema de la re-construcción en la mente todos los ciudadanos y profesionales, y en las agendas políticas de todos los partidos, y sobre todo en la mente de nuestros valientes jóvenes, quiénes a Dios gracias, sí serán los verdaderos protagonistas de la era post-Chávez. Nosotros probablemente jugaremos el papel de asesores y les alertaremos una vez más, que si se prenden las alarmas por comportamientos antidemocráticos de quienes nos gobiernen para ese entonces, habrá que actuar de inmediato; de lo contrario estaremos nuevamente sometidos al retroceso.

17-Jul.2008