"Rastro Dance" la compañía de danza contemporánea fundada y dirigida por la coreógrafa y bailarina Julieta Valero estrenará su III Temporada en Caracas en una cooproducción con el Celarg . El programa que presentará el jueves 03 y el viernes 4 de julio, a las 8 de la noche en el Celarg de Altamira está compuesto por dos obras de la autoría de la propia bailarina: "Shuffle" y "Fragile". Julieta Valero Barroso fue seleccionada recientemente por el diario El Universal como uno de los 60 personajes de Venezuela. En la biografía que escribió el periodista Andrés Correa para esa edición la llamó la "Menuda Capuleto". Julieta reside en Brooklyn desde hace muchos años, pero mantiene fuertes lazos con su Venezuela natal. A continuación los invito a leer el artículo de El Universal para que se entusiasmen.
Foto El Universal, edición 60 Aniversario
Julieta Valero
Menuda Capuleto
ANDRÉS CORREA GUATARASMA
PERIODISTA
Julieta Valero Barroso, natural de Caracas, mayor de edad (35), domiciliada en Brooklyn -donde fundó la compañía Rastro Dance-, certifica ante quien quiera oírla que siempre logra lo que se propone, pues conoce sus límites. Y que más o menos a los 13 años decidió escoger la danza como profesión. Aunque en realidad el trazo de esa tiza llevaba ya rato siendo marcado.
"Gracias a ellos tres soy bailarina", lanza el tizazo a sus padres Rómulo y Luisa, y a Cecilia, señora a quien recuerda, dondequiera que esté, "por llevarme religiosamente a mis clases", esas que comenzó siendo muy pequeña, cuando recién llegadas de Londres las hermanas Urdaneta fundaron Danzahoy en Los Palos Grandes. Allá fue a parar la niña Julieta -bautizada así, románticamente, por un hermano mayor- como una simple actividad extracátedra, en primaria.
Mientras que para la mayoría aquello era un pasatiempo muy temporal, Julieta se aferraba. "Siempre supe que eso era para mí, tenía que ver conmigo. Me hacía feliz poder expresarme a través del movimiento".
Movimiento, palabra clave, de las que más usa. "Los bebés se expresan desde que están en el vientre". Y luego "la voz, la respiración. Todo implica movimiento". Por eso jura que de llegar el Apocalipsis bien podría justificar su oficio como indispensable: "La danza es un arte básico, necesario. En momentos difíciles es una manera de entregar lo mejor de nosotros y sobre todo de sanar. Es catalizadora en situaciones de riesgo".
Riesgo es otra palabra que conoce, al lesionarse la espalda a los 19 años "haciendo una estupidez" mientras ensayaba en Caracas con tanto ahínco que terminó el bachillerato en largas e incómodas cuotas; mudarse a Queens a los 23 con $ 500 en el monedero; o sufrir un ataque de pánico un domingo en el metro a Brooklyn porque no reunía el dinero para saldar la deuda en la escuela de danza Cunningham, pese a trabajar como una bestia y llegar reventaba a casa por las noches. Hasta el corazón le jugó una broma, quién sabe si por estrés o casualidad. Pero, como buena Julieta, sabe que no hay drama sin alegría, y así la ansiedad extrema la llevó a conocer la humanidad de la familia Beer –a la que ha servido como niñera a destajo por años- y de Edgar, el Romeo venezolano que reencontró, y con el que se casó hace 11 años.
Músculos, otra constante. Aparte de las secuelas de la lesión en la espalda, tiene los hombros delicados, pero no deja de exigirse, fiel a esta ciudad de "competencia fortísima". "Los bailarines sobreusamos el cuerpo, tenemos los huesos, los tendones, todo más gastado. No hay manera de preverlo, viene con la profesión". Por eso entre los muchos empleos que ha tenido -incluyendo la docencia- siempre descartó ser mesonera, "porque esa caminadera destruye".
Otro costo agregado le alborotó el gen patrio, cuando hace poco juró la nacionalidad estadounidense y se sintió rara. "Tengo una fuerte conexión con Venezuela, nadie me lo ha impuesto. Es algo natural. Mi aporte cotidiano es la necesidad de estar cerca. Planear funciones allá, no desmayar frente a tantos obstáculos". No descarta volver, pero antes quisiera vivir en Europa, al menos un ratico. Se considera experta en lo que hace. Tanto, que dice convencer hasta a un ciego con su danza. Es auténtico, en Nueva York, en pleno invierno del 2008, mientras unos señores llamados Obama y Clinton copan la atención, del lado de allá de la avenida Madison. Publíquese y regístrese.