Por María Teresa Arbeláez
Foto El País
Antes, bastante antes, o sea, más de una década, uno se levantaba tempranito, se iba a una oficina de Identificación que siempre estaban en el mismo sitio, y cargada de paciencia, hacía la cola y se sacaba, renovaba o cambiaba la cédula de identidad. No había pele.
Pero desde hace unos diez años, perder la cédula es como perder el alma. Uno se encuentra penando en el limbo. Y más si a uno se le ha ocurrido vivir en Baruta o El Hatillo. O sea, lejos del centro, el oeste o el este de la capital.
Porque Baruta tiene un Saime, como ahora se llama el Servicio Administrativo de identificación, Migración y Extranjería dependiendo del Minpoporij, donde desde la madrugada los aspirantes a tener un pasaporte rodean el Centro Comercial la Trinidad, donde se ubica la oficina. Pero como si no existiera para lo que nos ocupa.
¿Usted es venezolana o extranjera? pregunta el portero que peor cara no puede tener, no por feo sino por malencarado. “Soy venezolana”, respondo casi con orgullo.
–No, no, aquí no estamos sacando cédula a venezolanos, sentencia mientras casi me aparta por un brazo.
Insisto: ¿Y entonces cómo hace uno si no tiene cédula?
–Le repito, aquí solo sacamos cedula para extranjeros y a venezolanos si es por cambio de estado civil. ¿Usted va a cambiar el estado civil?
“No señor, mi cédula está en el último estado”.
–Entonces no, aquí no es. Por favor hágase a un lado.
Me encasquetó la cara de ingenua: ¿pero si el domingo hay un proceso electoral que exige la cédula, ¿No deberían estar emitiendo ese documento hoy?
Mira a su alrededor con cara de perro bulldog. Prefiere no contestar. Atrás, la gente de la cola empieza a inquietarse y a preguntar en voz alta. ¿No hay cédula? Pero yo soy venezolana. Ningún papel indica la situación, no hay información. Solo la cara de pocos amigos del portero y la gente agolpada ya con desesperación.
Me voy tan desinflada como desilusionada. Siento más que nunca el apartheid que, ya no solapado, hay en Venezuela. Seguro que los días antes de las primarias rojas habrá cedulación en cuanta plaza y avenida existe en Caracas.
Acostumbrada ya como estoy a no ser recibida en sitios oficiales, me hago el firme propósito de presentar el domingo que viene mi documento de identificación –apunto de desintegración- firmado por el Rodrigo Cabezas –el mismo que hoy se queja de la revolución- y me colearé en un operativo chavista para poder obtener la cédula que dice que soy venezolana, nacida en Caracas con los mismos derechos que tienen los que hoy votan por quitármelos.
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Me imagino que en la misma Misión Sucre le deben informar los pasos a seguir. Aproveche que está en la misión y que vienen las elecciones, el gobierno seguramente adelantará operativos especiales para nacionalizar.