Unos días alejada de la vida bloguera, obligada por cuestiones de salud, problemas técnicos y además, confieso, un poquito de vagancia virtual, han provocado que este blog esté tan, pero tan desactualizado en noticias y acontecimientos que pareciera que hubiese pasado un año. O un siglo. La tragedia de Haití, lo peor, lo más triste.
Y paralelamente lo indignante de lo que diariamente pasa en Venezuela. Una noticia tapa la otra. Adrede o no, vivimos al garete con trapos rojos que nos impiden sentar cabeza para pensar realmente qué hacer, o cómo hacer con el país.
Unos días alejada del blog y devaluaron la moneda, arreciaron los cortes de luz en el interior del país, aplicaron racionamiento eléctrico en Caracas y lo eliminaron inmediatamente, emplearon ordenes similares en los centros comerciales y también se echaron para atrás. Mataron a venezolanos. Secuestraron a venezolanos. Los Tiburones se ahogaron. Expropiaron Éxito, una cadena de hipermercados. Arremetieron de nuevo contra Radio Caracas. Desaparecieron a Brito. Se metieron con la Universidades y, aprovechando la fuerza verde militar, golpearon a los jóvenes que se atrevieron a ponchar al Presidente.
Cuando armo esta lista, bien chucuta además, no dejo de pensar en las decenas de amigos y conocidos que dicen –no desde ahora sino desde hace ya mas de una década- que no ven televisión ni leen periódicos porque se estresan ante tanta mala noticia. ¿Será que andan por la vida creyendo que la salud anda bien, que no hay muertos ni secuestrados, que tenemos mucha luz y agua y que se puede pasear por Sabana Grande o el bulevar de Catia a cualquier hora?
Estos son los que se sorprenden –y salen corriendo del país- cuando los asaltan, o cuando no pueden pagar la atención médica del hijo, o cuando reciben una amenaza pública de expropiación.
La moraleja de esta historia es que ningún venezolano debe dejar de escuchar radio, ver televisión o leer periódico. O conversar con el bodeguero. Ni un día. Porque a los dos ya su vida habrá dado un vuelco. O una devaluación, quién sabe.
