Mevanaasaltar.com. Esa es la dirección que anoche necesitaba. Una donde me pudiera comunicar, casi mentalmente, para gritar, auxilio, esos dos que están ahí me quieren asaltar.
Qué hace uno en estos casos. Pues yo apliqué la bulla y el apretujamiento porque me di cuenta de lo que iba a pasar. La lección: hay que ir alerta. Mientras tanto, ante tanta inseguridad, suena interesante una nueva página web quieropaz.org que nació para armar un sistema geográfico de los crímenes que se cometen en Venezuela reportados por las propias víctimas.
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Foto tomada de Noticiero Digital
Tuve la certeza apenas salí de Graffiti cuando estaba cayendo la noche ahí en calle Camoens de La Trinidad. Había cola a esa hora de la noche y descuidada tomé el teléfono para atender una llamada. Apenas lo hice vi como el par de hombres montados en una moto me miraban fijamente y se daban la vuelta para regresar hacia mí. Los vi venir. Maniobré como pude. Cerré la ventana del conductor –sí lo sé, uno debe ir con los vidrios arriba- y me pegué lo más que pude del vehículo que estaba a la izquierda, a sabiendas que a la derecha no había tampoco espacio para la moto.
Ahí me mantuve. Miraba a la moto como iba y venia, daba la vuelta y se regresaba tratando de maniobrar para llegar a mi ventanilla. Tiré el teléfono al piso y decidí tocar corneta furiosamente –creía yo que furiosamente, pero la corneta no da para eso- tratando de llamar la atención de los conductores vecinos. Pero nada. Todo el mundo con los vidrios arriba, ahumados, enfrascados en sus pensamientos, soñando con llegar a casa o resolviendo mentalmente sus problemas. Nadie, ni siquiera me gritó apurada o fastidiosa. Sencillamente me ignoraban.
De repente pareció que los motorizados se cansaron y se fueron rumbo al túnel de La Trinidad. Pensé en devolverme. Pero no, la calle para arriba es solitaria y oscura. Ahí me pueden alcanzar, pensé. Mejor sigo por aquí, cola abajo que por lo menos estoy entre carros.
Y no hay ni un fiscal.
Sigo hacia la Calle Del Arenal, la que comunica con la autopista que va al Hatillo. Continúo apretándome contra los otros carros. Los minutos larguísimos se interrumpen con la moto. Apareció por detrás, sigilosamente. Empiezo a tocar corneta de nuevo y no me atrevo a sacar el teléfono para llamar a la policía. No me atrevo a nada más que mirar por el retrovisor, por el espejo de la derecha, el de la izquierda, el retrovisor, la ventana.
La moto dio dos vueltas más. Los hombres me miraban directamente a la cara. Veían seguramente mi miedo, pero sabían que estaba esperando el atraco. Al final desistieron de tanta corneta y apretujamiento. Mis vecinos de carros no se dieron cuenta o si se dieron prefirieron no darse por aludidos. Y se entiende: en estos casos corre peligro no el teléfono, ni la cartera, ni el carro, sino la vida.
Piernas temblando y manos sudorosas, logré salir de la cola y sortear las calles faltantes para llegar a mi casa, aterrorizada. Quería denunciar. Pero, ¿denunciar qué?, me preguntaba insegura porque mientras a mi me acosaban, a otros seguramente los estaban matando con el mismo fin.
Por eso cuando hoy me pongo a indagar y encuentro esta página, justo el mismo día que El Nacional la reporta bajo el titulo Venezolanos convertidos en “policías” en línea ante la creciente inseguridad siento un alivio. Quiero paz.org dice el periódico, es una nueva página web que busca convertirse en una base de datos de crímenes cometidos en el país gracias a los reportes enviados por los mismos ciudadanos.
Me siento más aliviada. No me protegerán, pero puedo denunciar, puedo alertar a los demás y con ello ayudar a que ese mapa que aparece allí, rojo rojito de sangre, comience de una vez por todas a descongestionarse. Y para que sepan desde ya en la Trinidad a la salida de las tiendas hay unos motorizados que están cazando a la gente. Debo darle las gracias a quien por muchos años me decía que cuando estuviera en la calle pusiera cara de alerta y no de pendeja, porque a los que andan como idos en la vida, son a los primeros que “cazan”. Mevanaasaltar.com me funcionó, por lo menos esta vez.
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