El abogado y columnista Isaac Villamizar escribe acerca de la Ley Orgánica de Educación y la proximidad de su aplicación. El artículo es publicado en el diario La Nación de San Cristóbal y entre otras coasas dice: “…a partir del próximo 16 de Septiembre, estaré aún más cerca del aula donde estudia mi hija. Como padre y representante promoveré, junto con los demás padres, nuestra organización para rechazar cualquier intento de patrullas y voceros trasnochados ideológicamente, de trastocar una auténtica y sana educación”.
“Estaré cerca del aula de mi hija para enfrentar una educación que la deshumanice y degrade”.
El estado docente, con la nueva ley, promueve, integra y facilita la participación de organizaciones comunitarias en el funcionamiento y gestión del sistema educativo, permitiéndoles su contraloría social. En consecuencia, los voceros de estas organizaciones son parte de la comunidad educativa. La educación, según la Ley Orgánica de Educación, promueve la formación de nuevos republicanos y republicanas y se fundamenta en la doctrina robinsoniana y en el humanismo social, ampliamente pregonados por el chavismo. Esta misma educación, según la nueva norma, persigue desarrollar una nueva cultura política, para la reconstrucción del espíritu público en esos nuevos republicanos. Asimismo, busca elaborar un proceso educativo con un nuevo modelo productivo social y endógeno. La Ley Orgánica de Educación remite a una ley especial para condicionar y establecer excepciones en la prohibición de realización de actividades de proselitismo y propaganda partidista en los centros educativos.
Todo lo anterior no es otra cosa sino la ideologización en los educandos que pretende hacer el comunismo de la dictadura que nos gobierna, y con ello perversamente instruir con una educación insana. Todo lo anterior también es una abierta violación del principio constitucional que caracteriza el fin de la educación como el desarrollo del potencial creativo de cada ser humano y el pleno ejercicio de su personalidad en una sociedad democrática. También es una grosera transgresión de la norma constitucional que asegura el derecho de cada quien a una educación de acuerdo a sus aptitudes, vocación y aspiraciones.
Ante esta malvada pretensión, a partir del próximo 16 de Septiembre, estaré aún más cerca del aula donde estudia mi hija. Como padre y representante promoveré, junto con los demás padres, nuestra organización para rechazar cualquier intento de patrullas y voceros trasnochados ideológicamente, de trastocar una auténtica y sana educación.
Estaré más cerca del aula, para asegurarme que a mi hija se le están reforzando los valores que le inculco, y que propenden a hacerla crecer en su dignidad como persona.
Me cuidaré en supervisar como padre que a mi hija se le esté formando en los principios supremos de libertad, honestidad, tolerancia, justicia, respeto, paz y amor. Velaré porque ella mantenga en el colegio el conocimiento de un Dios supremo, y de las virtudes religiosas dirigidas por la fe. Controlaré que la bondad y la libertad dirigida por la razón son los fundamentos de su enseñanza moral. Le recordaré que la belleza, la creación y la interpretación de la armonía consolidan los valores estéticos. Le insistiré con mi capacidad de libre pensador, que la verdad, la sabiduría, la abstracción y construcción, es la vía para su autorrealización y crecimiento intelectual. Actuaré con atención para que mi hija en el aula exprese sentimientos y emociones de agrado, afecto y satisfacción, por lo que hace y recibe. Mi alerta también estará activa para orientar su capacidad de interacción, adaptabilidad y crítica en las relaciones sociales. Seguiré en el aula dispuesto a fortalecer en ella que los bienes y la riqueza, no sólo permiten una mayor seguridad, sino que son parte ineludible de lo que se conoce – constitucionalmente hablando – como la promoción de la prosperidad y bienestar.
Estaré cerca del aula de mi hija para enfrentar una educación que la deshumanice y degrade.
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