En La Piedrita se mandan solos

 "Aquí manda La Piedrita y el Gobierno obedece", dice un cartel en esa zona del 23 de Enero , una de las más populosas parroquias de la capital venezolana, cuyos habitantes desde hace ya tiempo viven entre las carencias, la basura, la inseguridad y el amedrentamiento por parte de “colectivos” que se dicen revolucionarios, pero se han deslindado del gobierno a tal punto de que se han hecho ingobernables, como lo demostraron las tomas armadas y encapuchadas que hicieron hace justamente dos meses, ante el asombro de los medios de comunicación, de la colectividad y la molestia hasta del propio presidente Hugo Chávez que los tildó de agentes de la CIA.
Hoy, el diario El Universal hace una reseña de La Piedrita, donde la ley es propia y los que no están con ella viven con miedo. La fotografía es tan reveladora como los testimonios recogidos por Paulimar Rodríguez y Laura Dávila Ruelo.

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En La Piedrita todo está en paz. Al menos así lo recalca el cartel que está plantado en la plaza Alí Primera y que recibe a todo el que cruza la zona: "Bienvenido a La Piedrita en Paz. Si vienes en guerra te combatiremos. Patria o muerte". Sentado en un pupitre a la orilla de la calle, el artífice de ese orden no se quita los lentes para conversar con nadie. De hablar pausado, no es él quien saluda. "Hola señor Valentín", le dijo un estudiante de bachillerato que entraba a La Piedrita. El mismo saludo lo repitió una pareja que detuvo su vehículo para hacer la reverencia. "Señor Valentín, voy a comprar una medicina y vuelvo en un momento", dijo tímidamente uno de sus ayudantes.

 Según el jefe civil del 23 de Enero, Lisandro Pérez, en el sector La Piedrita no se comete ningún delito. No hay venta de drogas y la zona se mantiene "limpia" de hampa común. Todo, según él, se debe al control que ejerce el colectivo La Piedrita, uno de los más de quince grupos sociales que hacen vida en 23 de Enero. "Este año en La Piedrita no ha ocurrido ningún delito. Los colectivos trabajan con nosotros. Le damos autonomía en su territorio y ellos nos llaman cuando no pueden resolver", afirma el jefe civil.

Sin embargo, según fuentes de la policía científica, este año han asesinado al menos a siete personas en diferentes sectores.

Foto: la rueda de prensa de los encapuchados en abril de este año. 

Pero la autonomía que hay en cada rincón de 23 de Enero no es apreciada por la totalidad de los vecinos, algunos de los cuales prefieren vivir al margen de un orden impuesto por quienes consideran que en la revolución está la respuesta.

La intimidación

Una vecina que pidió ser identificada con el nombre de Ana Pérez, para resguardar su seguridad, denunció que hace dos semanas fue acorralada por dos jóvenes que pertenecían al colectivo José Leonardo Chirino. Ambos con pistola en mano, le quitaron los volantes que repartía a favor de un candidato a la Alcaldía Mayor en la estación de Agua Salud. "Se creen dueños de 23 de Enero y no los podemos denunciar porque nos buscan y nos matan. Aquí no todos somos chavistas y nos agreden cuando pensamos distinto. En lugares como La Piedrita, si eres desconocido, te bajan del carro, te revisan. Esto se salió de las manos de las autoridades".

Para Valentín Santana, quien formó el colectivo La Piedrita hace 22 años, la tarea de custodiar el sector está cumplida. Dos mil vecinos están bajo su protección. "Trabajamos como los CDR cubanos. Montamos la seguridad con los mismos vecinos. Además, tenemos un circuito cerrado de vigilancia. Quien entra a La Piedrita puede ser visualizado desde lejos. Anotamos quién ingresa, tenemos un rol de guardia y trabajamos 25 horas al día. Aquí no entra ni la policía, aunque no le negamos el paso. Si un muchacho se sale del carril, hablamos con su familia. Y si no, tiene tres días para irse", afirma Santana. Incluso, el jefe civil desea copiar el modelo de seguridad e instalar cámaras en toda la parroquia.

 Armas a la calle

El pasado 4 de abril, unos 50 hombres integrantes de los colectivos realizaron una toma "revolucionaria y popular", para protestar por presuntos allanamientos. Con fales y pistolas trancaron las calles. Después, el mismo Hugo Chávez los calificó como agentes de la CIA. "No estamos aquí por Chávez, si ya tenemos 22 años como colectivo. Pero, me dolió cuando me llamó agente de la CIA. Yo por la revolución di hasta mi hijo Diego. Hoy entre el movimiento popular y el Gobierno hay una barrera", dijo Santana.

Foto: Globovisión.com

Fundador e integrante de muchos de los grupos sociales que hay en el 23, el jefe civil explica que él no estuvo de acuerdo con la toma. También, la Coordinadora Simón Bolívar se abstuvo de apoyar la tranca y señalaron que con las armas asustaban a los vecinos. "Hay que superar el infantilismo de izquierda. La gente se debe convencer con la palabra. No pueden imponer un criterio a través del miedo y la intimidación", asegura el jefe civil, al tiempo que comenta: "claro que estamos armados para defendernos. En este país todo el mundo está armado".

Sin embargo, el líder de La Piedrita señala que para mantener el orden se requiere de esa fuerza y recuerda que cuando él comenzó, el 23 era una gran "plaza" de venta de droga. "Hubo que hacer limpieza revolucionaria", comenta.

El tema de la fuerza acompaña a los grupos en una simbiosis entre el trabajo comunitario y las armas. Algunos grupos como "Alexis Vive, Carajo", se autodenominan "cuadros" que poseen disciplina militar. Según su página web, tienen "mando en el desarrollo de la confrontación armada y no armada". Y aunque en sus eventos hablan de limpieza, lo cierto es que en el paso hacia su oficina –detrás del bloque 26- sólo hay basura desbordada y dejadez.

Pero en los pasillos de los bloques hay quien prefiere mantenerse al margen de las actividades de los grupos y aseguran que existen diferencias entre sus líderes. "No hay una confrontación armada pero no estamos unidos. Sólo nos uniríamos para defender la revolución", afirma Santana.

Para el jefe civil la actividad de los grupos está legitimada porque apoyan al Gobierno, pero falta "conciencia revolucionaria". Pero, el apoyo de Chávez parece ya no importar: "Aquí manda La Piedrita y el Gobierno obedece", está escrito en otro de los carteles del lugar.

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