Hooligans y política por Isaac Villamizar

 Me encontraba el Sábado 01 de septiembre de 2001, con mi esposa y mi padre, caminando en la tarde por el centro de Munich. Hacíamos el recorrido que enlaza la calle Shutzenstrase con Karlsplatz y la famosa vía peatonal Neuhauserstrase, que desemboca en la céntrica Marienplatz.

El paseo pedestre se nos hacía curioso, cuando de pronto, en un abrir y cerrar de ojos, nos vimos en el medio de una auténtica batalla campal. Palos, objetos contundentes, sillas de los cafés aledaños, vidrios y una batería bien cargada de piedras volaban por encima de nuestras cabezas.

Simultáneamente, cerraban todos los locales comerciales, sonaban sirenas de los vehículos policiales y presenciábamos a unos extraños individuos carapintadas y con banderas, que salían de todas las calles transversales, enfrentándose con feroz violencia. El pánico, el terror y el instinto de conservación se apoderaron de nosotros en el acto. ¿A dónde correríamos para salvarnos de esta trifulca?  Apelamos por refugiarnos en la Iglesia Heiliggeist Kirche, cuyos feligreses, ignorantes de la guerra exterior, se encontraban celebrando la liturgia.

Fue una larga espera. Con sigilo nos asomamos y al creer que todo se había normalizado continuamos la ruta. Más adelante, el panorama bélico se repitió y con mayor intensidad. Esta vez, como pudimos, logramos protegernos en los toldos del mercado de Viktualienmarkt. Otra vez el miedo nos sobrevino, y pensamos que nuestra seguridad estaba en peligro. Pero así como aparecieron estos agresores, del mismo modo se esfumaron, dejando un escenario calamitoso en las calles. Los pocos que quedaron, con resistencia, fueron aprehendidos por la autoridad.

Con efecto retardado vine a entender el asunto, al cual hacía frente por vez primera, cuando en la noche, en el Hotel Renaissance, por TV veía como, después de 90 minutos, en el Olimpia Stadium, Inglaterra le daba una paliza a Alemania 5 X 1.

El término, dicen los entendidos, deriva del apellido Houlihan. Otros lo atribuyen a un informe de la policía de Londres, de 1898, sobre un matón inglés llamado Patrick Hooligan. Hay quienes señalan que proviene de una banda callejera del suburbio londinense  de Islington, denominada Hooley. En todo caso el DRAE lo define como “hincha británico de comportamiento violento y agresivo”. La difusión masiva e implantación del término Hooligans nace en Inglaterra con la Copa Mundial de Fútbol, en 1966. Son seguidores agresivos de un equipo en concreto, que se enfrentan a grupos del equipo contrario antes, durante y después del juego. La tensión aumenta durante los clásicos o derbys. Tragedias a lo largo de la historia del fútbol inglés dan cuenta, por ejemplo, de 39 muertos en el estadio de Heysel, en Bruselas, en 1985, durante el desempate de la final de la Copa de  Europa, entre Liverpool y Juventus.

Tal como lo indica la UNICEF,  el deporte, la diversión y los juegos deben constituir una forma amena de aprender valores y lecciones que duren toda la vida. Deben promover la amistad y el juego limpio. Nos debe enseñar a trabajar en equipo y nos aportan disciplina, respeto y las habilidades necesarias que harán de los niños unos adultos comprometidos. Deben contribuir a preparar a los jóvenes para hacer frente a los retos futuros y adoptar  posiciones de liderazgo en el seno de las comunidades. No lo olviden, fanáticos tachirenses. Recuérdenlo también políticos que quieren aprovecharse del deporte para engañar y enardecer ideológicamente al gramado y las tarimas.                

www.isaacvillamizarviajes.blogspot.com    

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