“Los científicos no tienen más miedo que el resto de la sociedad”

carlo-caputtoDe la magistral mano de Milagros Socorro, Carlos Caputo, nuevo miembro de número -Sillóm VIII- de la Academia de Ciencias Físicas, Naturales y Matemáticas, habla de la ciencia nacional. Lo hace con la propiedad que le da el ser un venezolano por elección, un egresado de las aulas nacionales y un científico, que formado en instituciones mundiales, prefiere el Ivic para desarrollar su trabajo. Dice, entre otras muchas cosas, que más estímulo a la ciencia venezolana hubiese sido que se le dieran el dinero y la infraestructura a profesionales del país para desarrollar el satélite, en lugar de encargarlo a la China. Pero lo más crítico es con sus compañeros que también hacen investigación de la llamda exacta, pero teñida de rojo: “Lo más grave es que los investigadores que apoyan al Gobierno, algunos de los cuales hacen ciencia básica de buen nivel, no parecieran tener la posibilidad o el atrevimiento de aclarar lo que es ciencia”. La entrevista está en El Nacional y la puede leer a continuación.

EL NACIONAL
Viernes 24 de Julio de 2009

MILAGROS SOCORRO

“Sembrar el país de infocentros, si así fuere, no implica un estímulo a la producción de ciencia y tecnología en Venezuela, como sí hubiera sido la iniciativa de encargar la producción del satélite Simón Bolívar a ingenieros locales, que perfectamente hubieran podido hacerlo, y no a los chinos”.

De esta manera resume el doctor Carlo Caputo Frauenfelder su perspectiva frente al conflicto planteado por el Gobierno entre la ciencia básica y la aplicada. La opinión del biofísico, investigador titular del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, cuenta, puesto que acaba de incorporarse a la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales para ocupar el sillón VIII, en sucesión de Rafael Alfonso Ravard.

Biólogo de la Universidad Central de Venezuela, Caputo Frauenfelder nació en Casoria, Nápoles, Italia, el primer día de 1937. Y llegó a Venezuela, destino escogido por su padre para asentar a la familia, en 1956, cuando tenía 18 años de edad, a tiempo para terminar el bachillerato iniciado en el Liceo Umberto I, en Nápoles, Italia.

En el marco de una vida dedicada al estudio puede mencionarse que entre los años 1961 y 1963 fue investigador residente en Fisiología, en Duke University, Estados Unidos. En 1971 se hizo PhD en Fisiología, en la Universidad de Rochester, Estados Unidos, y dos años después era PhSc en Biología, por el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, IVIC, Caracas.

Se ha desempeñado como investigador y docente en Inglaterra y en Alemania. Su nacionalidad es venezolana.

Y la rana seguía brincando. La línea principal de su trabajo científico la ocupan los mecanismos que controlan la disponibilidad del calcio para la contracción muscular. “En los primeros años 60 había alguna evidencia de que el calcio que participaba en la activación contráctil de las fibras musculares provenía del medio externo. Con Máximo Giménez demostramos que fibras únicas, disecadas manualmente, de músculos de rana, seguían contrayéndose por un periodo de varios minutos aún cuando estaban sumergida en una solución preparada sin calcio. Esto indicaba que el calcio que activa la contracción muscular proviene de algún depósito intracelular. Aparte del desafío intelectual que suponen estos problemas, hay un aspecto de interés práctico, ya que el músculo cardiaco funciona con un tipo de maquinaria molecular muy parecido pero no igual que la maquinaria de los músculos esqueléticos”.

–¿Cómo ha cambiado la enseñanza de la ciencia desde que usted se inició en la docencia? –La enseñanza de la ciencia ha cambiado básicamente en dos sentidos: el contenido, que en los últimos 50 años ha experimentado un aumento prodigioso; y por las tecnologías, que permiten acceder y exponer el material científico.

Ahora entendemos fenómenos que hace 50 años eran desconocidos, y utilizamos computadoras e Internet. Sin embargo, aún hay espacio por la tiza y el pizarrón.

–El Gobierno ha manifestado su falta de interés en la ciencia exacta, porque, según dicen sus voceros, lo que cuenta es la ciencia aplicada.

¿Qué sentido le encuentra usted a este dilema? –No ha habido por parte de los voceros del Gobierno una clara enunciación del conflicto entre ciencia básica o fundamental y ciencia aplicada.

Ha habido declaraciones sobre la importancia de mejorar el queso de telita o de mejorar las condiciones de los barrios, pero éstos no son cuestiones que atañen la ciencia.

Son asuntos que se resuelven con créditos para que los fabricantes de queso mejoren sus instalaciones, con maquinarias o con políticas habitacionales adecuadas. Por otra parte, en Venezuela ha habido una muy buena escuela de ingenieros sanitaristas, capaces de resolver este último tipo de desafíos. El problema es que se cree que abriendo infocentros o comprando satélites se está haciendo ciencia. Y no es así. Un apoyo real y efectivo a la ciencia aplicada hubiera sido escoger los mejores ingenieros electrónicos del país, que los hay muy buenos, dotarlos del debido financiamiento e instalaciones, y encargarlos de construir el satélite. Lo más grave es que los investigadores que apoyan al Gobierno, algunos de los cuales hacen ciencia básica de buen nivel, no parecieran tener la posibilidad o el atrevimiento de aclarar lo que es ciencia.

–¿Cree usted que hay miedo en el sector científico venezolano? –No creo que los científicos tengan más miedo o más razones para tenerlo que el resto de la población.

–Últimamente la ciencia en Venezuela ha sido objeto de debate en publicaciones científicas internacionales, ¿cuál es el aporte de nuestro país al conocimiento mundial, que nos ha deparado ese interés? –Los artículos aparecidos en Nature o Science sólo constituyen una voz de alarma sobre la fragilidad del sistema científico nacional. Ha habido alarmas parecidas con otros gobiernos. Creo que debieran ser tomados no como blasfemias, sino como sanos consejos. Lo que me emociona es que aún salen artículos de investigadores venezolanos en Nature, Science u otras buenas revistas.

–¿Cuál es el papel de los países como Venezuela en el concierto mundial de la ciencia? –Con buenas políticas pudiera ser parecido al papel de la música venezolana, ahí están José Antonio Abreu y Dudamel para probarlo.

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Un pensamiento en ““Los científicos no tienen más miedo que el resto de la sociedad”

  1. Totalmente cierto. Y así como la ciencia, el arte y la cultura están necesitados de políticas sustentadas en lo que sucede en nuestro país.

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