Por Michelle Roche
Foto: Nelson Castro
En el acostumbrado foro del lunes de las páginas de Cultura de El Nacional, la historiadora Ruth Capriles hace un análisis de la crisis política actual. El libro rojo del resentimiento, su último trabajo, explica cómo esta emoción pasó de ser una categoría psicológica a una política de validez nacional y cómo el oficialismo no está dirigido a una clase económica sino a una comunidad de venezolanos con complejo de inferioridad. “Las misiones, por ejemplo, son las expresiones de una política que deliberadamente le dice a la gente de menores recursos que no es capaz de superarse”
¿ Es Venezuela aún aquel país que se ufanaba una vez de ser mestizo, igualitario y abierto? ¿Cuándo y por qué se invirtió el valor de la equidad social por el de polarización? Y más importante aún: ¿qué esperanzas tiene una sociedad que se encuentra sumergida en la diatriba y el resentimiento? Consciente de que durante la revolución bolivariana, la cultura y la sociedad venezolana han vivido un proceso de resquebrajamiento sin precedentes en la historia contemporánea del país, Ruth Capriles intenta explicar por qué ha ocurrido ese fenónemo en su más reciente trabajo, El libro rojo del resentimiento (Debate, 2009), en el que hace un análisis psicológico del chavismo y de las condiciones sociales que auspiciaron su ascenso al poder.
Capriles es historiadora con doctorado en politología y enseña esas materias en la UCAB y en la Universidad Metropolitana.
El resentimiento al que la académica se refiere en su libro es una emoción que surge de la impotencia y de la sensación de inferioridad que la acompaña. Se articula como una experiencia repetida de sentimientos básicos, como el odio y la envidia, que resulta de la incapacidad que se tiene de reaccionar ante una afrenta y se incuba en la psique de un individuo o de un colectivo específico en forma de rencor.
Esto, claro, hasta que ocurre una revolución.
La emoción estudiada es la fuente de una inversión de valores condicionada por las pretensiones de igualdad entre grupos sociales que en el fondo no viven situaciones semejantes y por la disminución del derecho de mandar del sector dominante (debido, en primera instancia, a la debilidad de la conciencia que justamente valida a este grupo en el poder).
Dice la escritora que los últimos años del siglo XX fueron de tal conmoción política en el país, con un declive profundo en las instituciones básicas de la sociedad, que los gobiernos democráticos fueron sustituidos por un autoritarismo elegido por votación.
Capriles también señala en el libro por qué el presidente Hugo Chávez es el espejo de los resentidos.
–¿El resentimiento al que alude su libro no tiene que ver con que somos una sociedad poscolonial y de alguna manera nunca nos hemos quitado la marca de la conquista española? –Todos los países han sufrido una conquista, una invasión, una guerra represiva y dolorosa. Invocar continuamente una agresión original es justamente uno de los signos del resentimiento. Japón, por ejemplo, sufrió las agresiones más fuertes de la historia: dos bombas atómicas. ¿Cómo reaccionó? No fue resintiéndose, sino aprovechando la recuperación que podía lograr después de la guerra y compitiendo creativamente.
Allí está la diferencia: si una persona se siente incapaz, cree que no puede hacer nada frente a la alteridad; se resiente y acumula la emoción negativa que pronto se convierte en otra que no tiene cura y que siempre estará invocando una agresión original (como la conquista, en nuestro caso).
–¿Cómo caracterizaría el resentimiento que se registra entre los venezolanos? –Aunque se invoca la causa original, que nadie se acuerda de ella, el resentimiento de nosotros como colectivo es por envidia. Ante la desigualdad y la impotencia surgen los celos y la rabia acumulada causa resentimiento.
–¿Cómo llega la inferioridad y el resentimiento a extenderse en el pueblo? –La misma idea de pueblo, tal como lo han entendido nuestros gobiernos populistas, contiene este complejo de inferioridad e indefensión.
Como el pueblo es “pobrecito” hay que ayudarle, vamos a darle cosas. Las misiones, por ejemplo, son las expresiones de una política que deliberadamente le dice a la gente de menores recursos que no es capaz de superarse. Es el regalo que incapacita. La indefensión es alimentada deliberadamente para hacer sentir a la gente impotente y dominarla.
Por eso, para este gobierno la manipulación del resentimiento es tan importante. El resentido, a fuerza de sentirse inferior, termina siéndolo. Es un ciclo de autodestrucción.
–¿De dónde salieron los líderes del resentimiento? –Los mismos miembros de la revolución bolivariana son personas que formaron parte de la clase dominante de este país, porque la izquierda en Venezuela era parte del gobierno durante los llamados “40 años de democracia podrida” y participaban en el Congreso, tenían cargos políticos, eran escritores de renombre o voceros que uno tomaba en cuenta. Aunque ellos recibieron los beneficios del poder, como son mediocres les es más fácil culpar a otros por su desventura en vez de aceptar sus limitaciones, las cuales son comunes en todos los humanos. El resentido es el que sabe que es mediocre y culpa a otro.
–¿Qué hecho aumentó el resentimiento colectivo que causó la crisis actual? –Con el paquete de Carlos Andrés Pérez en su segundo gobierno, la sociedad venezolana que era abierta, se cierra y allí es cuando comienza a crearse un caldo de resentimiento que los líderes de la revolución bolivariana aprovechan.
–¿Pero no es muy rápido, si apenas se gestó durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez en los años noventa? –La rebelión se gestó luego del Caracazo. De acuerdo con declaraciones de los líderes que estaban en el MVR desde los años ochenta, ellos mismos estuvieron envueltos en esos hechos de febrero de 1989. Ese grupo pequeño de resentidos es el que llama a los pobres marginados para iniciar la rebelión. La rebelión no es de los pobres, sino de los mediocres de la clase dominante. Lo que sucede de repente es la rebelión, aunque nosotros en ese momento pensamos que había sido un movimiento social espontáneo. El pueblo no es resentido; él tiene necesidades. Si empiezas a abonar el sentimiento de inferioridad en el pueblo se convierte en resentimiento, pero los resentidos de verdad son el grupito de mediocres de la clase dominante que manipulan a las masas.
–¿Cómo se desmonta la cultura del resentimiento que vive Venezuela hoy? –Hay que entender que la democracia no es sobre elecciones sino sobre instituciones.
Tenemos que tener claro que para ejercer el gobierno no deben buscarse líderes, que pueden terminar manipulando a las masas, sino equipos en los cuales todos nuestros intereses ciudadanos estén representados. Debemos abogar por construir un grupo de estrategias y no de líderes. Los líderes únicos generan impaciencia y vanidad, que han sido algunos de los problemas de la oposición hasta ahora, y el objetivo debe ser construir propuestas colectivas.
Otras publicaciones que te pueden interesar