Los venezolanos vivimos la paradoja de que nos acotumbramos a la normalidad de varios asesinatos al día, protestas por doquier, inflación desmedida, escacez de productos y nos sorprendemos con asuntos que son cotidianos en otra sociedades, como el reconocimiento al talento y, parece mentira, poder caminar por la calle libremente y sin temores.
Esta semana fue maravillosa por eso, porque vivimos lo que debería ser la Venezuela posible. Un país en el que ser inteligente, productivo y creador vale tanto -o quizás más para horror del socialismo del siglo XXI- que aquellos que se dedican a hacer política de la fea, es decir, los que están curucuteando papeles y pasados por doquier para poder cerrar canales de televisión incómodos.
Foto El Nacional : Flor Pujol (Biología), Stefania Marcantognini (Matemática), Mireya Rincón de Goldwasser (Química), Flor Pujol , Juan De Sanctis (Bioquímica), y Anna Katherina Vivas (Astrofísica) y, recibieron el llamado Premio Polar.
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Esto lo vivimos el jueves en la mañana cuando el ritual que se celebra cada dos años durante los últimos 24 años, se cumplió a cabalidad: la entrega que hace la Fundación Empresas Polar de los Premios Lorenzo Mendoza Fleury a científicos de excelencia reconocida nacional e internacionalmente independientemente de si trabajan en áreas tan etéreas como el estudio de las galaxias o investigan virus de enfermedes comunes pero peligrosas para la población. Son 70 científicos reconicods ya, solo que este año hubo una notable diferencia: de los cinco, 4 son mujeres.
Y lo volvimos a vivir, los caraqueños en especial, el sábado en Chacao. La Venezuela posible recorrió las callecitas del municipio, sin carros, pero lo mas importante: con libertad. Libertad para ir entre la multitud recorriendo las 22 estaciones que ofrecía la cuarta edición del Festival Por el Medio de la Calle organizado por Cultura Chacao, junto con Plátano Verde. Por aquí música -unas veintena de grupos- por acá teatro, más allá cine documental, kioskos, cabinas telefónicas y paredes intervenidas por grafiteros y otros artistas, danza, el alemán que como hombre araña se sostenía a unos cinco metros de altura, paralelo al pavimento solo pegado a la pared por sus pies. Magia, truco, tecnología, lo que fuese mantuvo en vilo por un buen rato a un grupo numeroso de público incrédulo. El mercado nuevo convertido en mostrario de otra forma de creatividad y talento: artesanía para todos los gustos. Y las tascas, ayy las tascas -como gritaría papaito Candal si uno lo pudiera ver en un canal no confiscado- formaron parte del “paseo nocturno” que duró hasta las 11 de la noche. Parroquianos y caminantes compartieron la noche con el señor de la esquina que interpreta tangos y el de más abajo que casi canta igualito que Tito Rodríguez.
En fin, terminó la semana. Vislumbramos la Venezuela posible. La que sucede de vez en cuando, pero sucede para gozo de estos venezolanos ya cansados de andar al garete cada día. Vimos ese país que se ha armado a fuerza de trabajo. Y como citó la presidenta de la Fundación Empresas Polar, Leonor Giménez de Mendoza, para cerrar su discurso durante la entrega de los premios: el único sitio donde la palabra éxito está primero que trabajo es en el diccionario.

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