chaveztvPor María Teresa Arbeláez

Según Gustavo Hernández, director del Instituto Nacional de Investigaciones de la Comunicación, Ininco, de la UCV, el oficialismo controla cinco televisoras nacionales; un canal internacional; 35 televisoras abiertas comunitarias en UHF; dos cadenas radiales a escala nacional y 231 radios comunitarias en FM; una agencia de noticias y 73 periódicos comunitarios. Todos siguen los lineamientos del PUSV y el Gobierno. También hay 110 páginas web que mantiene el régimen.

No un latifundio sino un imperio mediático gubernamental.

Ilustración tomada de A Través de Venezuela

Sin embargo los dirigentes chavistas y sus allegados viven lloriqueando por Radio Caracas Televisión Internacional, disminuida a su máxima expresión desde hace dos años y Globovisión que no llega a todo el país.

Critican que ambos medios critiquen -redundancia mediante- al gobierno. Se alarman por los “recordatorios” que a menudo ambos canales hacen de las promesas o amenazas presidenciales. Se molestan con el curucuteo que tienen los periodistas ante los evidentes signos de corrupción administrativa. Se alteran con el seguimiento a las marchas de la oposición, aunque el día anterior hayan hecho lo mismo con las del gobierno.

Paralelamente ni la Agencia Bolivariana de Noticias, ni las emisoras de radio progubernamentales, ni Venezolana de Televisión, Vive TV, el canal de los parlamentarios o el periódico Vea atienden las angustias, protestas o reclamos de aquellos que se sienten desamparados ante la criminalidad cada vez más creciente, la inflación, la desaparición de productos alimenticios, medicinas, carros, repuestos de vehiculos y equipos, ni la pérdida acelerada de la capacidad de compra con los menguados sueldos.

En cambio Globovisión y Radio Caracas Televisión, o El Nacional y El Universal y hasta el pequeño Tal Cual, siempre están ahí. En el barrio cuando se inunda o se les cae el cerro en el techo de los ranchos; en la autopista cuando los motorizados gritan por seguridad; en la fábrica cuando claman por contrato colectivo o pago de deudas.

Y las imágenes que salen de ambos canales no discriminan entre las camisas rojas y las de otros colores. Todos tienen la misma oportunidad de explicarle al país sus dolencias y preocupaciones, lo que constituye una piedrita más en el zapato bolivariano. De esta manera ambos medios de comunicación han logrado establecer una relación de amor-odio con un extenso público chavista que se siente atendido, pero está obligado a criticar.

Con el público opositor al rojo, comparto con Nelson Bocaranda cuando dice en sus Runrunes  que la angustia gubernamental sigue siendo que las opciones  oficialistas no son las favoritas del público que escoge en libertad.