Cerca de un centenar de personas de todo el país está organizada en un club de seguidores de la serie intergaláctica que rompió paradigmas a finales de la década de los 60. Y es que las pantallas táctiles, la transferencia inalámbrica de datos de una computadora a otra, las puertas automáticas, los intercomunicadores y los viajes a velocidades más rápidas que la velocidad de la luz son sólo algunos de los elementos que la serie Star Trek incorporó en los años sesenta cuando la versión original salió al aire en Estados Unidos. Todos eran objetos que podían ser creados con la tecnología existente. Y así fue. La nota completa es de El Nacional y la puede leer a continuación.
El Nacional
En el universo de Star Trek
Martes 19 de Mayo de 2009
El primer beso entre una mujer afroamericana y un hombre blanco en la industria televisiva estadounidense ocurrió a finales de 1968 en la serie Star Trek.
Ese beso entre el capitán Kirk (William Shatner) y la teniente Uhura (Nichelle Nichols) era sólo una muestra de lo diverso que podría ser el mundo 200 años después con una mujer negra al mando de las comunicaciones en la nave estelar Enterprise.
Los fanáticos de la franquicia intergaláctica en Venezuela son tan diversos como la serie misma. El precepto vulcano “infinita diversidad en infinitas combinaciones” se cumple a la perfección cuando los integrantes del Star Trek Club Venezuela (hombres y mujeres de entre 14 y 55 años de edad de varias profesiones) discuten sobre la vida, la ciencia y la tecnología a partir de las aventuras de la tripulación del Enterprise en el siglo XXIII.
“Somos un grupo disímil como Star Trek”, asegura Gerardo Toledo, químico de 51 años de edad. Entre el centenar de fanáticos registrados, Toledo reconoce que hay al menos tres generaciones distintas: los que vieron la serie en las tardes por Venevisión en la década de los setenta (entre los que él mismo se cuenta), los que la conocieron con la llegada de la televisión por cable al país y los que la están descubriendo justo ahora.
Un sinfín de opciones. En el club hay de todo para todos.
Unos se dedican a hacer actividades educativas como la fabricación de cohetes a propulsión con agua para enseñar a los niños nociones básicas sobre la física y la química. Otros se disfrazan; mejor dicho se uniforman.
Nelson Romero es normalmente un estudiante de programación, pero en ocasiones es el comandante Spock, el oficial científico mitad humanomitad vulcano de la nave Enterprise. Desde que regresó de Argentina hace seis años, se ha dedicado a “hacerle la guerra a los fanáticos de Star Wars con sus troopers y sus jedis”. Por eso, se uniforma y acude a las convenciones nacionales sobre ciencia-ficción.
El año pasado logró asistir con los otros tres capitanes de la nave. En esa convención, consiguió el tercer lugar en el concurso por el mejor disfraz.
“Cuando voy a las convenciones, las personas no saben qué es Star Trek. Se sorprenden cuando les digo que no es sólo una película sino o n c e y, además, no es una ser ie sino cinco”, explica.
Pero no todos se uniforman. A pesar de que los más grandes del club (Raimundo Villegas y Gerardo Toledo) tienen los atuendos propios de Star Trek, no suelen usarlos a menudo. Junto a Carlos Briceño, vicepresidente del club, y Carlos Quintana, profesor de astronomía del Planetario Humboldt, se dedican a divulgar ciencia.
Todos los sábados por las tardes se sientan a ver capítulos viejos de la serie o, quizá, alguna de las películas en la sede del Planetario Humboldt en el Parque del Este. Luego, discuten sobre la temática de fondo: religión, clonación, vida.
“Podemos pasar horas discutiendo. Nos tienen que sacar. Star Trek es cerebral. Nos ha dejado muchas cosas. Nos ha enseñado mucho. No sólo sobre física o astronomía, sino también sobre la vida misma”, dice Villegas.
Pero las actividades no son sólo para los miembros del club.
Los niños son el otro interés del grupo de fanáticos que ha decidido usar Star Trek y la cienciaficción como una excusa para enseñar ciencia y tecnología.
El lanzamiento de cohetes a propulsión con agua y las charlas sobre distintos temas vinculados con la serie son algunas de las actividades planificadas para la divulgación del conocimiento científico.
Algo más que tecnología. Las pantallas táctiles, la transferencia inalámbrica de datos de una computadora a otra, las puertas automáticas, los intercomunicadores y los viajes a velocidades más rápidas que la velocidad de la luz son sólo algunos de los elementos que la serie incorporó en los años sesenta cuando la versión original salió al aire en Estados Unidos. Todos eran objetos que podían ser creados con la tecnología existente. Y así fue.
Para los fanáticos, ese es justamente su encanto. “Con Star Wars puedo divertirme, pero no me deja nada. Star Trek deja mucho. Y así debe ser. Los fanáticos somos realmente quisquillosos. No queremos ver nada que no sea posible científicamente”, acota Briceño.