obama-en-notre-dame* Investigadora IVIC

El domingo 17 de mayo el presidente Barack Obama fue el orador de orden en la graduación de la Universidad de Notre Dame en Indiana, Estados Unidos. Su discurso en medio de una gran polémica por su posición frente al aborto en una universidad católica, fue una reivindicación de la tolerancia, el debate, la solidaridad, del análisis complejo de problemas difíciles, de la búsqueda de soluciones que salven al planeta y no sean excluyentes.

Cuan diferente a nuestra realidad donde desde hace algunas semanas el alto gobierno arremete con inusitada energía en contra de las instituciones dedicadas a la cultura, el conocimiento, la educación y la ciencia. El tono ha sido ofensivo, confrontacional, cargado de manipulaciones mediáticas y repitiendo un discurso según el cual estas instituciones hasta ahora se han dedicado a mantener una casta de élite, culpable junto a la élite económica de la no resolución de los problemas sociales del país.

Para los que trabajamos en cualquiera de las instituciones afectadas, o simplemente para aquellos que han tenido contacto con ellas, resulta claro que este discurso no se tiene en pie y de todos lados han surgido declaraciones, artículos de opinión, entrevistas, remitidos y actos de solidaridad. El contenido en cada caso es contundente: la lista de beneficios que han originado estas instituciones para el país, para su funcionamiento cotidiano, de esos que disfrutamos todos, se pierde de vista.

Muchos han insistido en el carácter estructural de esta arremetida. La voluntad de control de la institucionalidad cultural y científica es típica de los gobiernos autoritarios. La cultura, el conocimiento y la ciencia solo se entienden si están al servicio del proyecto ideológico y para transmitir esta idea se hace uso de toda la manipulación y propaganda necesaria, falseando los hechos como haga falta.

¿Qué hacer entonces? Una actitud confrontacional sin duda alivia el espíritu y nos permite identificarnos con aquellos que comparten nuestra visión, permitiendo la creación de un sentimiento de cuerpo y de resistencia frente a las injusticias, pero al mismo tiempo servirá seguramente de señuelo para el cierre o intervención. Una actitud de bajo perfil, interpretada en demasiados casos como una muestra de cobardía, puede por otro lado no conducir a nada. Igual la maquinaria esta en marcha y las instituciones serán tomadas independientemente de nuestra actitud.

Mientras quede la vía electoral, sin embargo, el gobierno requiere a la población que lo apoya. Y, aunque para muchos no está claro por qué la mayoría de la población que vota lo hace por ese proyecto tan diametralmente opuesto a valores que consideramos claves, y que tan magistralmente quedaron registrados en el discurso del presidente Obama, lo que si debe quedar claro es que incorporar al menos a una parte de este sector en la defensa de las instituciones culturales y científicas es el único camino posible.

Toca entonces convencer a los que no están convencidos. Y esto requiere de un esfuerzo especial. Por un lado hacia lo interno y por otro a lo externo en plataformas que no puedan ser descartadas fácilmente. No se cómo se hace esto, pero tenemos una ventaja y es que sabemos que nos apoya la razón. No puede haber un país con futuro donde se calla a la cultura, al conocimiento, a la educación y a la ciencia.