Un ex-directivo de una institución científica dice que los ojos de Mireya son los más bellos de la ciencia. Y no se equivoca. Como tampoco se equivocó quien la postuló para el premio Lorenzo Mendoza Fleury de la Fundación Empresas Polar en el área de Química. Ella es una de las 4 mujeres que este año arrasaron con el reconocido galardón.
Es Mireya Rincón de Goldwasser, investigadora de la UCV en catálisis, una de las áreas más importantes para Venezuela, aunque no sea reconocida en las esferas políticas como de alto contenido social. La entrevista es de Javier Graterol García para El Nacional y la puede leer a continuación.
EL NACIONAL
Lunes 11 de Mayo de 2009
“El amor es una reacción química, aunque suene poco romántico”
Desde que estaba en bachillerato, Mireya Rincón de Goldwasser tenía claro para qué servía la química; en su adolescencia construyó, por ejemplo, bombas explosivas. Eran puros experimentos y, por supuesto, nunca las utilizó, pero lo que sí le ha funcionado es haber aprendido que los procesos químicos están en cualquier parte.
En su vida, prácticamente todo tiene que ver con esa ciencia: es profesora titular de la Escuela de Química en la Universidad Central de Venezuela, se casó con un químico y acaba de ganar el premio Lorenzo Mendoza Fleury de la Fundación Polar. Tiene más de 40 años estudiando reacciones y mejorando sustancias, pero su pasión inicial no ha cesado.
“Todo lo que está ocurriendo, hasta las emociones que uno tiene hacia otras personas, son un proceso químico. Incluso, el amor es una reacción química, aunque suene poco romántico decirlo”, explicó.
El acento maracucho se disimula entre las palabras que pronuncia. Cuando decidió mudarse del Zulia a Caracas, a los 18 años de edad, ni siquiera las ofertas de su papá un carro, entre ellas lograron convencerla de quedarse en la región en la que nació. Quería viajar al centro de Venezuela para estudiar Química en la UCV y lo logró.
Ahora, desde su laboratorio, se dedica a la investigación de la catálisis heterogénea, un proceso que permite convertir ciertas sustancias en otras diferentes mediante el uso de catalizadores, que son aceleradores de la velocidad de las reacciones químicas.
Actualmente, su trabajo está enfocado en la transformación del gas natural en el llamado gas de síntesis, que permite obtener otros productos como alcoholes, diesel y gasolina de mayor calidad que se puedan utilizar como combustibles, sin necesidad de depender del petróleo.
“La principal ventaja de los combustibles que se obtienen del gas de síntesis es que estamos utilizando un producto más económico como el gas natural, que es más amigable con el ambiente y que constituye una energía alternativa.
Además, se puede obtener hidrógeno, que es el combustible del futuro y es muchísimo menos contaminante”, indicó.
Sus estudios en Estados Unidos, Inglaterra y Francia dieron sus frutos. No duda de su contribución al país, sobre todo con la enseñanza a los más jóvenes: “Uno tiene que formar la generación de relevo. Ellos van a quedar haciendo el trabajo que uno hace y, por su puesto, la idea es que sean mejores”.
La llamada. Rincón estaba sola en su casa, escribiendo un texto sobre catalizadores, cuando repicó su celular. Era Leonor Giménez de Mendoza, presidenta de la Fundación Polar, que la llamaba para anunciarle que era una de las galardonadas con el premio Mendoza Fleury.
“Estaba realmente sorprendida. No me lo esperaba porque no sabía que había sido postulada y porque sé que ese es un premio que tiene una alta exigencia y calidad”, expresó.
Pero cuando colgó el teléfono le surgió una duda: ¿Y si era una broma? “Me di cuenta de que no había preguntado si eso era seguro, si era de verdad; no había preguntado si realmente era ella o no; pero tenía que creerlo”, recordó.
Aunque al único que ella le avisó fue a su esposo, cuando Rincón llegó a una reunión en la Academia de Ciencias, dos horas después de haber recibido la llamada, ya todos sus colegas lo sabían. Entre las 11:30 am cuando le dieron la noticia y las 2:00 pm, ya había recibido una decena de llamadas y unas cuantas felicitaciones de sus compañeros.
“Todavía no he aterrizado.
Es un gran reconocimiento y estoy sumamente orgullosa.
Siento que soy una persona con suerte”, concluyó.
La profesora Mireya es un orgullo para el país y un ejemplo a seguir, profesionales así necesitamos en nuestro país.