En el tercer reportaje de la serie Discriminad@s por su género, El Nacional, de la mano de Leidys Azuaje, presenta el caso de Jesús Ravelo y Oliver Schneider, él venezolano y él holandés, quienes contrajeron matrimonio en diciembre pasado en Holanda, pero no tienen derechos como pareja en Venezuela.
Ravelo es profesor de Computación la Universidad Simón Bolívar y activista de los derechos humanos y luchador contra la homofobia y la transfobia. Comenta que en su lugar de trabajo nunca ha sentido discriminación, pero evidentemente la ley deja por fuera sus planes de construir una familia como cualquier otra. La nota completa a continuación.
“Si él fuese mujer, las leyes venezolanas reconocerían todos sus derechos”
2-04-09.- “Si yo fuera mujer no me casaría, nada de sostén, nada de pastillas; que las tomé él…”. El juego de cambiar los roles estereotipados en una relación de pareja es mucho más espinoso fuera de la ficción, sobre todo si se trata de enamorados homosexuales. Jesús Ravelo contrajo matrimonio en diciembre pasado en la ciudad holandesa de Nigmegen, pero ante las leyes venezolanas él y su esposo, Oliver Schneider, son como dos desconocidos. “Yo ya tengo media casa en Holanda, pero él no tiene nada aquí”, dice Jesús.
Desde hace 22 años, Jesús es profesor de Computación en la Universidad Simón Bolívar, y señala que allí no ha experimentado ningún tipo de discriminación por decir a todas voces que es homosexual. Sin embargo, se queja de que la ley lo deja por fuera en algo tan esencial como son los planes de construir una familia con su pareja. “Él tiene que emigrar como si no tuviese a nadie aquí. Queremos probar un tiempo en Venezuela porque yo no tolero el frío y él está dispuesto a venirse. Si me hubiese casado con una mujer, las leyes venezolanas reconocerían todos sus derechos, ella incluso podría gozar de mi seguro médico”.
Jesús y Oliver se conocieron en 2007, mientras el venezolano disfrutaba de un año sabático en Europa. Por lo pronto, Oliver no quisiera dejar la práctica de dramaterapia como forma de trabajo social con los reclusos de una cárcel en Holanda, y Jesús tampoco desea interrumpir sus clases en la USB.
“Mi esposa podría decidir por mí, heredar mis bienes y tener derecho a un montón de cosas que mi esposo no tiene. Por eso, esperaremos un año a ver cómo nos va”, acota Jesús.
Hace nueve años este profesor universitario se convirtió en activista de los derechos humanos, y empezó a pelear contra la homofobia y la transfobia.
“Lo hice cuando comprendí que me estaba rechazando y torturando por una cultura que me habían impuesto. Reconocí que tenía mis propios derechos y estuve entre los organizadores de la primera Marcha por el Orgullo Gay”.
Considera que la homofobia no es un problema que se limita a las leyes; no obstante, cuestiona la falta de una legislación que defienda los derechos de las llamadas minorías sexuales. “Es muy probable que el proyecto de ley de igualdad y equidad de género no llegue a plenaria. Pero el sólo hecho de que se hayan mencionado las asociaciones de convivencia (para normar el patrimonio entre uniones del mismo sexo) obliga a los diputados a hablar del tema, a reflexionar un asunto que siempre ha estado silenciado”.
En el exterior, la reflexión sobre la homofobia ha sido la misma: la Unión Europea reveló esta semana un informe en el cual se advierte que la discriminación hacia homosexuales rige en trabajos, escuelas y centros de salud.
“La Agencia de Derechos Fundamentales de la UE halló que homosexuales y lesbianas siguen siendo objeto de agresiones y otros ataques físicos debido a su orientación sexual, pese a las reglas de la comunidad para garantizar la igualdad en el bloque de 27 naciones”, reseñó AP.
José Ramón Merentes, coordinador general de la organización Unión Afirmativa de Venezuela, opina que en el país la situación homofóbica se agrava debido a la ausencia de campañas educativas. “La homofobia sigue siendo un problema laboral. Si pasas de 40 años de edad y no te has casado, las entrevistas de empleo transcurren en preguntar ¿y cuándo lo piensas hacer? ¿por qué no lo has hecho? Está penado por la ley, pero sucede, además de acosos y despidos injustificados”.
Jesús habla sobre derechos vinculados con la sexodiversidad en las tertulias que varias organizaciones efectúan una vez al mes. La propuesta de incluir las uniones entre personas del mismo sexo en una ley levantó polémica dentro de la AN. La última decisión está por acordarse.
Universitarios defienden la sexodiversidad
Por ahora, son sólo seis estudiantes. Sin embargo, desde, 2007 en las salas de la Universidad Simón Bolívar se habla insistentemente sobre los derechos de lesbianas, gays, transexuales, bisexuales e intersex. Esos seis alumnos de distintas carreras son quienes mantienen las actividades de una iniciativa que bautizaron como el Grupo de Diversidad Sexual de la USB.
“Nuestro objetivo es sensibilizar a la comunidad universitaria. Organizar charlas para rechazar, por ejemplo, la violencia policial por homofobia”, explica Ángel Gruber, estudiante del quinto año de Ingeniería Electrónica.
El mes pasado, los universitarios divulgaron un video que recreaba la angustia de un adolescente que se debatía entre llevar una doble vida o hacer pública su verdadera orientación sexual. Los cortometrajes y los cineforos son el mejor medio que los jóvenes han encontrado para discutir sobre sexodiversidad. Este movimiento estudiantil cuenta con la asesoría de algunos egresados.