Peter Gabriel ¡grandioso¡

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Con su chivita blanca, puesta ahí desde estuvo en Caracas en 1993, según confesó, el cantautor inglés de 59 años, Peter Gabriel, dejó boquiabiertos a los miles de fans que acudieron a las canchas de fútbol de la Universidad Simón Bolívar abrigados hasta los dientes, para constatar una vez mas que es una leyenda viviente, con una voz impecable, un respeto inmenso por el público, una banda grandiosa, una creatividad fuera de límites y una música como nunca. Para El Nacional “El histrionismo de Peter Gabriel dejó su huella en Caracas”, mientras que para Últimas Noticias “Peter Gabriel lució como gigante en lugar pequeño”, ambas reseñas las puede leer a continuación.

Fotos: MTA


El Nacional

El histrionismo de Peter Gabriel dejó su huella en Caracas

Aunque al inicio de su recital se mantuvo cerca de su micrófono, con pocos recorridos sobre el escenario, el músico británico dio rienda suelta al movimiento con temas tan emblemáticos como Solsbury Hills y Sledgehammer en su presentación en el campo de fútbol de la USB Vea: Imágenes del concierto Disfruta: Video aficionado

En medio de la densa vegetación que rodea el valle de Sartenejas, se dejó escuchar este miércoles la voz de uno de los más sobresalientes músicos de las últimas décadas, el británico Peter Gabriel, quien con un español que se entendía a ratos y un show plagado de efectos de iluminación y melódicos acordes conquistó de nuevo al público venezolano.

El ex vocalista de Genesis ofreció un espectáculo de más de dos horas de duración la noche de este miércoles en el campo de fútbol de la Universidad Simón Bolívar, como parte de su gira Small Place, con la que recorrerá en lo que queda de mes Perú, Argentina, Chile y tres ciudades de México.

Gabriel salió al escenario sin levantar ruido. Simplemente se ubicó frente a su teclado y sin saludar ni mirar directamente hacia el público cantó The rithym of the heat, cuyo intro había durado unos cuatro minutos. Desde ese momento saltó al ruedo la percusión y esa influencia a world music que el artista le imprime a sus composiciones.

On the air e Intruder continuaron el repertorio que poco a poco iría despertando y levantando al más ciscunspecto del asiento. Tras estas tres canciones, el ex vocalista de Genesis comenzó a leer, con un imperfecto castellano, un guión que contenía los comentarios en español de buena parte de las melodías del recital.

“Ha pasado un tiempo, pero estamos muy felices de venir otra vez. Estamos empezando esta gira en el mismo lugar en donde terminamos el último tour que hicimos por Latinoamérica en 1993″, dijo el músico que reveló que su “barba de chivo” fue un souvenir venezolano que le quedó de su visita a Caracas hace casi 18 años.

El color, que no se había hecho presente hasta el momento, apareció en el fondo del escenario filtrado por seis pantallas verticales con Steam, uno de los temas más coreados de la noche. Gabriel siguió leyendo su guión para hablar de la alquimia que existe en la relación entre un hombre y una mujer para interpretar The blood of Eden.

La noche siguió con sencillos como Games without frontier, No self control, Darkness, San Jacinto y Down to earth, que fue nominada al Oscar como mejor canción original compuesta para la película animada Wall-E. “Esta es la primera vez que la tocamos en público y si no les gusta será la última”, dijo el artista con picardía.

Presentó luego a su banda entre los que se encontraban los guitarristas Richard Evans y David Rose, además del bajistaTony Levin. Los dos últimos han acompañado durante varios años al cantante en sus presentaciones. La sorpresa de la noche fue el tema interpretado por la hija del británico, Melanie Gabriel, que tiene “un talento que hace sentir orgulloso a su padre”, según el músico.

El carácter histriónico del vocalista se hizo presente con Solsbury Hill, que levantó a todo el público del asiento que ya no se sentaría más por el resto de la noche. Con la misma euforia se escuchó Secret World, Sledgehammer, Signal to noise e In your eyes, con la que el cantante salió del escenario por algunos instantes para culminar su recital con Red rain y los golpes de batería de Biko.

Peter Gabriel lució como gigante en lugar pequeño

Últimas Noticias
JOSÉ LUIS CARRILLO

Caracas. Demoledor estuvo Peter Gabriel en su concierto de ayer miércoles en el estadio de fútbol de la Universidad Simón Bolívar, con el que comenzó su gira Small Places, que le llevará por varios países de Latinoamérica.

Sin tener un disco nuevo que presentar (el anunciado I/O no ha sido culminado), el músico británico junto a su banda basó su repertorio en temas de sus cuatro primeros discos, precisamente los más rockeros, y estremeció al público con sus facultades vocales en plena forma.

A las 9:45 pm comenzó el espectáculo. Los sonidos grabados del tema Zaar, del disco Passion (1989), enmarcaron el arribo de los músicos al escenario, quienes iniciaron las atmósferas selváticas de Rhythm of the Heat, de su cuarto álbum, donde Gabriel mostró poderío vocal con los gritos chamánicos característicos de la pieza y con el baterista Ged Lynch luciéndose al hacer prácticamente solo las veces de una compañía de tambores.

Seguidamente desempolvó un tema de su segundo álbum, de 1978, On the Air, en el que el guitarrista David Rhodes se mostró rudo, sacándole el jugo a una Gibson Les Paul.

Para Intruder, de 1980, el músico comenzó las presentaciones de cada canción hablando español. “Ha pasado el tiempo, pero estamos muy felices de estar de regreso”. Fiel a esa armonización de opuestos que caracteriza su obra, el artista indicó que estaba iniciando esta gira latinoamericana en el mismo lugar (Caracas), donde terminó la que hizo en 1993.

Y el Gabriel que se vio en la USB ayer fue distinto al de hace 16 años, empezando por la voz (antes estuvo bastante ronco), y siguiendo por el ánimo que derrochó en escena.

La rítmica Steam (Vapor), de 1992, sirvió para que abordara el tema del sexo. “Algunas veces la reacción química de dos cuerpos que se tocan puede llegar hasta hervir el agua”, comentó, para continuar con Blood of Eden, también de 1992 y que versa sobre las relaciones hombre-mujer. En esta pieza volvió a lucir Rhodes arrancando fuertes arpegios de una Telecaster, mientras la hija de Gabriel, Melanie, hacía las partes de Sinead O’Connor.

Aunque no hubo cámaras que hurgaran en su garganta, viajes en bote, ni caminatas boca abajo por el techo, el espectáculo visual y de luces fue acertado. Al fondo del escenario se proyectaban imágenes que acompañaban a las piezas.

En Games Without Frontiers, de 1980, aparecieron figuras de militares conducidas por mecanismos de cuerda.

No Self Control, de 1980, fue acompañada por el público batiendo las palmas, luego de la cual Melanie interpretó Mother of Violence (de 1978). Peter volvió para Darkness, una de las dos que interpretó de su más reciente disco, Up (2002).

San Jacinto, del cuarto álbum, trajo otra vez los ritmos selváticos y fue ampliamente ovacionada, aunque la más aplaudida fue Solsbury Hill, de su primer LP, de 1977, y en la que Gabriel recorrió el escenario a saltos seguido por el bajista Tony Levin y Rhodes. Siguieron Secret World y el súper hit de 1986 Sledgehammer, que el público coreó y en el que Gabriel, Rhodes y Levin se permitieron una coreografía con pasos de baile.

La poderosa Signal to Noise, de 2002, cerró la primera parte, pero el músico volvió con In Your Eyes y Red Rain (ambas de 1986), para cerrar el espectáculo con ese himno antiapartheid que es Biko. En definitiva, un concierto poderoso de un gigante del rock.

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