Pierre Petitjean: El caballero francés

lahora.com
25/02/2009
Manuel Avila
Tomado del blog de Felix Tapia

Desde la tierra de los perfumes, de allende de los mares se vino a Margarita Pierre Petitjean con su genio, sus hierros y la creatividad para trabajar el granito con manos de dios de la escultura. Vino invitado por ese otro Quijote de la escultura su hermano de sangre Humberto Cazorla, a quien le dijo “Pareciera que te conociera de toda la vida y aprendí contigo que esas distancias mínimas no existen entre nosotros porque pareciera que te conozco de toda una vida”.

Así se vino Petitjean a Margarita un domingo cualquiera con su fiel compañera Glaysar, una amante de las matemáticas que quedó prendada de la calidad humana de este francés que hacía magia con las piedras. Es que Pierre era capaz de entablar conversaciones con el granito, con quien tuvo un amor a primera vista por su dureza, su energía y el sonido que emite cada vez que es penetrado por el cincel.

Descubrió Pierre con su sonrisa de la alegría, que cuando trabajaba el granito sabía cuándo debía introducir con profundidad los hierros para moldear con su imaginación la dura entraña de una piedra que llegó a su alma para quedarse incrustada en su pensamiento de poeta de las dimensiones enormes. Llegó a Margarita a conocer de cerca esa bella hembra que lo cautivó desde el comienzo por sus azulosas playas, sus arenas blanquecinas y por la humildad de su gente. No había conseguido Pierre Petitjean una tierra tan sabrosa como Margarita y en este lugar encontró en Humberto Cazorla, Manuel Avila y Simón Rodríguez, unos amigos que desde su llegada le brindaron el calor humano de la margariteñidad.

Con esa magia del atamense Humberto Cazorla logró embriagar a Pierre para que le diera todo su amor a Margarita y desde que se encontró frente a la playa de La Caracola con Humberto Cazorla, Manuel Avila y su amada Glaysar, pudo apreciar las distancias mínimas entre Margarita y Francia. En ese momento tenía el escultor Cazorla una competencia de papagayos de distintos matices, que causaron una gran impresión en Pierre que aprovechó ese momento de esparcimiento para viajar en su imaginación hasta la Francia de su niñez para contar sus anécdotas y experiencas.

De ese espacio del paisaje marino, la brisa salobre y los papagayos, tomamos rumbo a La Conga, donde Petitjean y Glaysar disfrutaron de la gastronomía margariteña con el tarcarí de chivo y la sopa de gallina como manjares de dioses que fueron celebrados por quienes empezaban a escudriñar en la magia de una Isla que les presentó sorpresas cada segundo. Durante su estadía en La Caracola, en ese espacio de la belleza marina, supo Petitjean apreciar ese juego de niños que hace volar el corazón de los infantes por los cielos del mundo, y en ese encuentro fue bautizado por el profesor Manuel Avila como el Jean Le Braguette que hizo famoso el Cronista Miguel Conde en sus crónicas espaciales de la imaginación fabulada, donde el parisino viene a la Isla en busca de una herencia de sus antepasados y que en su momento hizo mover el piso comunicacional de los habitantes de Los Robles. Este francés asumió que él era Le Braguette y en son de chanza su esposa Glaysar le decía “Pierre eres dueño de casi toda Margarita”. A lo que Pierre respondía encogiendo los brazos y con la sonrisa alegre de toda su vida que hacía acompañar de ciertos gestos de alegría con sus brazos en señal de impotencia.

pierre-petitjeanun-cubo-rojo-para-margaritaDesde ese momento ya Pierre Petitjean se hizo conocer como un hijo más de esta Margarita de sus sueños, pues quedó prendado de sus mares y de la magia de la Isla. En otro pasaje de la vida encontramos a Pierre en las Faldas del Matasiete, donde se reunía para disfrutar de los sancochos de sus amigo Simón Rodríguez, quien a base de pato guisado, chivo en tarcarí, sopa de gallina, donde “El Caballero Francés” disfrutó de las delicias de la comida margariteña. No tuvo Pierre problemas de logística para terminar su obra que bautizó “Un cubo rojo para Margarita”, un regalo que le prometió a la Isla y que quedó sembrado para toda la vida en honor al “Caballero francés”. Esta obra en formato gigante la hizo Pierre en la Empresa Metálicas Orión, ubicada en Conejeros, donde quienes vieron trabajando al genio francés se sorprendieron de la dedicación, de la habilidad y de la fuerza con que este genio de la piedra y el metal fue armando esta pieza “Un Cubo para Margarita”, que es hoy uno de los grandes atractivos del Museo Vial de la avenida Luisa Cáceres de Arismendi. Allí en esa obra del cromatismo crepuscular quedó el alma de poeta de Pierre Petitjean, a quien los margariteños le agradeceremos por siempre ese amor por la Isla y sobre todo el desprendimiento de entregar a esta tierra una obra que es una pieza de museo colocada al aire libre para que el mundo vea la creación del hombre como una muestra de la grandeza humana. Fueron largas las conversas con Pierre Petitjean sobre materia escultórica y nos contó de sus experiencias y planes de instalarse a futuro en la Isla para seguir tejiendo sueños en el granito.

pierre-petitjean3Después de dejar ese cubo rojo para Margarita con su imponente figura en la avenida Luisa Cáceres de Arismendi, donde se hizo realidad el Museo Vial de Margarita, que ahora es una muestra escultórica para Venezuela y el mundo, y donde el gobernador de Nueva Esparta, Morel Rodríguez Avila, mostró la obra escultórica de estas 17 piezas de los mejores escultores del mundo, se nos fue Petitjean con sus manos grandes a ponerse a las órdenes de Papá Dios y nos dejó a sus amigos con las ganas de seguir sondeando en lo humano y en lo espiritual de un hombre que llegó de París a darnos una cátedra de cómo se tiempla el acero y cómo se ama la piedra. Después de ese capítulo se dispuso Pierre Petitjean a realizar una exposición escultórica con su hermano margariteño, Humberto Cazorla y así lo lograron con esa exposición “Mínimas distancias” que establecía un paralelismo semiótico entre lo cerca entre Humberto y Pierre, pero aludía a la vez a la distancia entre Francia y Margarita. De esa forma en el Centro de Arte Omar Carreño, de La Asunción, en el 2008 se realizó esa exposición, donde la dupla Cazorla-Petitjean mostraron su arte sobre el metal y la piedra. Parecía una exposición esculpida por dioses que tenía obras del “Caballero Francés” como: “Luna”, “ADN”, “S/T” (madera), S/T (granito rosado) y Los Morochos (granito gris), piezas que Petitjean le vino a ofrendar a sus amadas Glaysar y Margarita para que guardaran en su recuerdo esas bellas metáforas esculpidas en bronce, granito y madera.

Quedó Pierre tan encantado con la Isla que cuando empezó a sentirse mal de salud se venía a la Isla para fortalecerse con los aires salitrosos, con los paisajes azulosos de nuestros mares y con el cariño de los hijos de esta tierra. Hoy los neoespartanos lloramos la partida intempestiva de nuestro amigo Pierre Petitjean, quien dejó sueños regados por toda la Isla y en esa obra del Museo Vial “Un Cubo para Margarita”, reposará por siempre la mano amiga de un verdadero “caballero francés” quien exhibió su talento en esa obra robusta que le dio características para aproximar el volumen y el tamaño con la creación divina. De eso se trata, de mostrar la fugacidad de la vida, los círculos que se cierran, los cubos que muestran la levedad del ser y lo perecedero de la vida. Descansa en paz amigo, que en el cielo tendrás el cobijo y la paz espiritual que mostraste siempre en su desandar de genio de la escultura. En Margarita siempre te recordaremos como el genio del volumen que amaste lo nuestro y cerraste un ciclo de creación con tus manos al elevar las dimensiones por encima de la cotidianidad, pues fuiste capaz de entregar tu creación a cambio de nada y sólo porque Margarita te hechizó con sus aires del Matasiete y su salinidad poética. Hasta luego amigo Pierre que Dios te bendiga.

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