Rayma, como siempre, da en el clavo. Dos días, que se convierten en cuatro para buena parte de los venezolanos, y que han servido para catalizar la angustia de la pérdida o la euforia de la ganancia. Ahora, tras el asueto carnavalesco, regresamos con 30 por ciento menos accidentes (¡aleluya¡) y 57 homicidios entre el pecho y la espalda caraqueña, para darnos cuenta de que la realidad sigue siendo la de siempre. La de la última década.
Regresamos para seguir guapeando entre el tráfico y la violencia, entre la inflación y la escasez de medicinas, entre los hospitales abarrotados de gente pero vacíos de camas y quirófano.
Con razón dicen que a los venezolanos les encanta un puente o un asueto. Claro si es el único tiempo en el que todo el mundo está tan, pero tan ocupado en sus cosas –incluyendo al mismo presidente- , que o no hay noticias políticas o si se producen son tapadas por los operativos y las fiestas.
Pero ya hoy, regresamos a la realidad.