“Los jóvenes no se detendrán frente a las amenazas a su futuro”

scharifker-8el-nacionalEn la sección “El foro del lunes” de El Nacional, Milagros Socorro entrevista a Benjamín Scharifker, profesor, investigador en el área de Química, vicepresidente de la Academia de Ciencias Físicas, Naturales y Matemáticas, y rector de la Universidad Simón Bolívar. El resumen de la página dice que  recibió gas durante las manifestaciones estudiantiles y da fe de que era “del bueno”

Sin detenerse por lo que considera “la criminalización de la protesta”, el rector de la  afirma que el papel actual de las universidades en la sociedad venezolana es impulsado por los estudiantes. Y que éstos no admitirán obstáculos para su aspiración de cambios y desarrollo.

A continuación la nota completa. Foto Sandra Bracho.


Benjamín Rubén Scharifker Podolsky estudió la primaria y la secundaria en el colegio Moral y Luces, de la comunidad judía de Caracas. Sus abuelos fueron judíos ucranianos que emigraron de Rusia a Argentina, a principios del siglo XX.

En la capital argentina nacerían sus padres, que a la larga habrían de conocerse y casarse. Scharifker nacería en Buenos Aires, el 21 de septiembre de 1953. Su familia emigró a Venezuela “cuando era muy pequeño”.

–¿Antes de los cinco años? ¿Podría ser presidente de la República? –Vine a los cuatro años. Y no podría ser presidente porque para eso hay que querer serlo.

–¿Qué pasó el miércoles, 21 de enero, en la Simón Bolívar? –Los estudiantes quisieron ir al TSJ para pedir respuesta a un recurso de amparo que habían interpuesto la semana pasada (en solicitud de que se abriera el RE y se materializara el derecho de votar de quienes cumplieron 18 años después de las elecciones del 23 de noviembre de 2008) y se les impidió hacerlo, mediante el cierre de las diversas rutas que intentaron. Finalmente, la manifestación fue disuelta de manera violenta por la policía, con el agravante de que se quiso hacer ver a la opinión pública que los estudiantes tenían bombas molotov.

Una acusación difícil de creer porque la tenencia de explosivos y las prácticas violentas van en contra de lo que el movimiento estudiantil ha venido sosteniendo y de la manera como se ha venido conduciendo.

A los estudiantes les indignó que se les impidiera manifestar sus opiniones y, luego, que se les endilgara falsos señalamientos. Y no es la primera vez que vemos esta intención inculpadora por parte del Ejecutivo, que ya la semana anterior había culpado, por boca del propio Presidente de la República, a los estudiantes, de un incendio en el Parque Nacional El Ávila. El rector de la Universidad Metropolitana insiste en que, primero, las llamas no se produjeron en el Ávila sino en un monte que separa la autopista de la Unimet. Algo muy lamentable, claro está, pero que no es exactamente el Ávila. Y, luego, que no está nada claro que hayan sido los estudiantes quienes iniciaron ese incendio, que bien pudo ser provocado por las bombas lacrimógenas lanzadas por la Guardia Nacional. Los estudiantes resienten que el ministro de Interior y Justicia, Tarek el Aissami, quien fue líder estudiantil de la ULA hasta no hace mucho, sea el presunto autor intelectual de estos montajes para inculparlos. Ante todo esto, el miércoles 21, algunos estudiantes de la USB trancaron la vía que pasa frente a la Universidad para protestar. Yo estuve un par de horas tratando de interceder con ellos para que dejaran la vía libre, recordándoles que el grueso del movimiento estudiantil no está de acuerdo con este tipo de medidas, que afecta a la ciudadanía.

–Entonces, se presentó la Guardia Nacional.

–Desde que el Presidente de la República dio la orden de reprimir las manifestaciones estudiantiles, hay un contingente de la Guardia Nacional en la redoma de Hoyo de la Puerta; naturalmente, con uniformados armados. El miércoles se presentaron, efectivamente, pero puedo afi rmar que no vi a ningún miembro de la GN.

lanzando bombas lacrimógenas o reprimiendo estudiantes, como sí lo hizo la Policía Metropolitana.

–¿Usted estaba allí cuando la PM lanzó lacrimógenas a los bachilleres? –Puedo dar fe de que era “gas del bueno”.

Reuniones improductivas –Cuando se postuló para ser rector, ¿previó que se encontraría en circunstancias como las que ha narrado? –La violencia no estaba en mis previsiones. Pero, desde luego, ya en 2005 había una situación de confrontación de las universidades con el Ejecutivo nacional; precisamente por eso me decidí a ofrecerme a brindar un servicio a la USB, consciente de que el gran interés de la mayoría de los profesores es dedicarse a la investigación, la docencia, en fi n, a la labor académica.

–¿Ha podido aportar algo a esa prioridad académica de las universidades nacionales? –Muy poco. Y lo digo con mucha mortificación. La mayor parte del tiempo se me ha ido en interminables e improductivas reuniones con el Ejecutivo, en las que se plantea asuntos que ya deberían estar zanjados, como los presupuestos de las universidades, que, por cierto, están estancados, precisamente en un país que ha recibido los mayores ingresos de su historia.

–¿Y, desde su percepción, qué se debería tratar en las reuniones entre el Ejecutivo y las universidades? –Deberíamos discutir nuestras perspectivas en un país llamado a diversifi car su economía, a desarrollar su sociedad sobre la base del conocimiento, metas, por cierto, de las que cada vez estamos más lejos. Deberíamos plantearnos qué vamos a hacer, como país monoproductor que en estos 10 años ha acentuado esa tendencia, el día en que los grandes consumidores de energía del mundo ya no requieran del petróleo. Deberíamos establecer hacia dónde orientar la educación superior con énfasis en su calidad. El Gobierno insiste en que nosotros tenemos que admitir estudiantes, aún cuando no tengan la formación mínima para aprovechar una educación universitaria. Entonces, en lugar de debatir los problemas reales del acceso de la juventud a la educación superior, el ministerio considera una gran victoria su imposición de que 30% de los estudiantes ingrese sin cumplir requisito alguno.

–¿Se ha medido ya el rendimiento de esos bachilleres que han ingresado a la USB sin cumplir los requisitos? –Sí. Unos estudios preliminares demuestran que hay una diferencia muy significativa en el desempeño de aquellos estudiantes que ingresaron por el examen de admisión o tras aprobar un curso de un año a tiempo completo (en el que se nivela a los estudiantes que vienen de la educación pública con fallas) y los estudiantes que llegan, enviados por la OPSU, sin algún tipo de requisitos de ingreso. Estos últimos presentan serias difi cultades para aprobar matemática y lenguaje; la inmensa mayoría de ellos no logra superar sus defi ciencias y se frustra en su deseo de estudiar en la universidad.

Promover el rigor –En su columna de Últimas Noticias, José Vicente Rangel escribió, el lunes, que “El padre Ugalde, rector de la UCAB, estimula la participación violenta de los estudiantes (…).

Otra vez buscan muertos. Personas como Ugalde serían responsables si hay sangre en las calles”. ¿Qué piensa usted de estas afi rmaciones? –Hay un discurso montado por el Ejecutivo nacional, y por el Presidente, en particular, para criminalizar cualquier expresión diferente a su proyecto.

En este momento, ese proyecto está concentrado en prolongar su permanencia en la Presidencia, entonces cualquier persona que difi era de esa aspiración “es enviada por el imperio, es pitiyanqui, es vendepatria…”.

Los únicos que tienen patria son los que están de acuerdo con la enmienda del Presidente; y, como los estudiantes en su mayoría expresan opiniones distintas, porque en vez de esperanza en el proyecto que encarna el Presidente están viendo una amenaza a las libertades, se criminaliza al sector. Y, por supuesto, se criminaliza la protesta en general.

–La reciente concesión del doctorado honoris causa de la USB a Mario Vargas Llosa, célebre crítico internacional de Chávez, ¿podría interpretarse como un desafío al Gobierno? –No. Debe interpretarse como lo que es, un reconocimiento a la figura de Vargas Llosa, quien representa los valores que la Universidad quiere promover: un intelectual riguroso, que expresa con arte su pensamiento, a través de su creación literaria y que, también, a través de sus ensayos y artículos de prensa, hace un análisis muy profundo de la realidad. El hecho de que sus ideas estén a favor o en contra del Gobierno no ha privado para que reconozcamos sus grandes méritos; como tampoco ocurrió con nuestra decisión de distinguir, el próximo 12 de febrero, con el doctorado honoris causa a José Antonio Abreu, cuyas inclinaciones políticas ignoramos por completo.

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